El que puede gobernar su voluntad es mil veces más afortunado que si pudiese gobernar al mundo.
Yo no tenía ninguna esperanza, y sin embargo vivía de esperanzas; desde que ella había desaparecido, no me quedaba otra cosa. No sabía qué descubrimientos, qué burlas, qué torturas me aguardaban aún. No sabía nada, y me empecinaba en creer que el tiempo d
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Las ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el mundo.