Desde que los hijos educan a sus padres, se acabaron los complejos de Edipo
Frases célebres sobre: aba. [Página 188]
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Entre tú y yo mengana mía se levantaba un muro de Berlín hecho de horas desiertas añoranzas fugaces
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Acá hay tres clases de gente: las que se matan trabajando, las que deberían trabajar y las que tendrían que matarse
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Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida
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Tu amor fue mi perfume, mi esperanza, la novela de mi alma, mi alegría, cuando tú me decías: mi poeta, me inundabas de luz y de poesía.
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Es lindo ser campeón. Hacía rato que no ganaba un título... ¿Desde qué año, el 94 ó 95, por ahí?
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Y apenas al enigma obscuro y ciego el engañado huésped dado había no acertada respuesta, cuando luego pagaba al monstruo fiero su osadía; por los ojos echando vivo fuego con uñas y con dientes lo hería; o bajaba escapando de sus brazos, por las penas haci
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Al mesmo gobernador que nos manda en lo presente, a ver si con mi aguardiente nos gobernaba mejor.
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Cuide cada uno lo suyo que es la cosa más derecha. No abandone su cosecha, el gaucho que haiga sembrao.
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El que acaba de hacerse con el poder es siempre de condición severa
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El hombre, se hizo hombre a través del trabajo, transformando lo natural en artificial.
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Todo lugar de trabajo necesita una ventana en contacto con el exterior.
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La música empieza donde se acaba el lenguaje.
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La condesa, dando alaridos, se abalanzó sobre él con la furia de una hiena y le mordió en el pecho. El conde dio un empujón a la rabiosa mujer y la tiró al suelo, donde entregó su espíritu en medio de las convulsiones más espantosas. El conde enloqueció.
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Nada me complacía tanto como leer o escuchar horribles historias de genios, brujas y duendes; pero, por encima de todas las escalofriantes apariciones, prefería la del Hombre de Arena que dibujaba con tiza y carbón en las mesas, en los armarios y en las p
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Cerró los ojos y se recostó contra el árbol, mientras se preguntaba cómo había llegado a esa situación, tan tarde en el tiempo de cosecha, cuando todo en el Chaco era mejor. Pero un segundo después, cuando vio aparecer a los perros que se abalanzaron sobr
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Si uno no puede explicar lo que ha estado haciendo, su trabajo carecerá de valor.
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Cada vez está más triste y más violento el corazón de Canek. Antes hablaba y decía su pensamiento. Ahora casi ha enmudecido; aprieta los puños y se va solo por los caminos de espinas, de piedra y de sol. Le acompaña su sombra. En los ojos de Canek se ha e
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Cien veces dijo que no quería ver más indios; y menos a uno que estaba ahí, horrible, enjuto, como piedra rota. Al decir horrible, se cubría la cara; se santiguaba y bisbiseaba.
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El pueblo estaba en silencio, vacío, y en la distancia se oía el rumor de la guerra: el golpe de los tunkules, de las icoteas y los gritos de los indios en armas. El nombre de Canek era voz y eco en la sombra.