El trabajador es como su jefe.
Frases célebres sobre: aba. [Página 216]
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Darse por vencido es creer que los problemas se van a acabar por no resolverlos.
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Los activos más rentables de una organización son aquellos que entran y salen todos los días en forma de trabajadores capaces que obtienen con rigor los resultados.
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La violación de una trabajadora, mujer, negra, madre soltera, inmigrante, por el jefe máximo del FMI es la metáfora del capital a derribar.
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El amor no se prueba ni se mide. Es como Gabriela. Existe, eso sí -dijo Juan Fulgencio-. El hecho de que no se comprenda ni se explique una cosa no acaba con ella. No sé nada de las estrellas, pero las veo en el cielo; son la belleza de la noche.
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La calle entera cantaba en la serenata a Flor, reclinada en la alta ventana, vestida de volados y encajes, bañada por la luna. Abajo, Vadinho, galante caballero, en la mano la rosa que de tan roja parecía negra. La rosa de su amor.
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El amor eterno no existe. Hasta la más fuerte pasión tiene su tiempo de vida. Llegando su día, se acaba; nace otro amor. -Por eso mismo el amor es eterno -concluyó Juan Fulgencio-. Porque se renueva. Terminan las pasiones, es el amor el que permanece.
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Un caballero no se deshonra convirtiéndose en menestral o jornalero; pero se deshonra convirtiéndose en truhán o estafador
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En uno de los extremos del pueblo, de casas bajitas, un perro se quejaba del frío y de la soledad, y, levantando el hocico hacia su dios, le daba su elocuente opinión sobre el mundo tal como él lo veía.
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El arte del descanso es una parte del arte de trabajar.
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Pero ni aun así adquirió el difunto un aspecto púdico y decente: era un muerto de carnaval, ni siquiera mostraba sangre de bala o de puñalada corriéndole por el pecho que pudiera rescatarlo de su condición de mascarita.
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La tomaba como a un juguete; un juguete o un cerrado capullo de rosa que él hacía abrirse en cada noche de placer. Doña Flor iba perdiendo la timidez, entregándose a esa fiesta lasciva con creciente violencia, transformándose en amante impulsiva y audaz.
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Malvina odiaba aquella tierra, la ciudad llena de murmuraciones, de los dimos y diretes. Odiaba aquella vida y contra ella pensaba luchar. Comenzó a leer, encaminada por Juan Fulgencio, que le recomendaba libros. Descubrió otro mundo más allá de Ilhéus, d
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Nuestras elites son extremadamente preconceptuosas y a esta altura de mi vida no les presto atención. Yo nunca me consideré un literato, sino un novelista profesional sin abandonar mi posición al lado del pueblo, de los que sufren.
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Si los deseos fueran caballos, los mendigos sabrían montar.
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Haz justicia con alguien y acabarás por amarlo. Pero si eres injusto con él, acabarás por odiarlo.
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La profesión de escritor hace que las carreras de caballos parezcan negocios estables.
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Un hombre estaba tan enfadado conmigo que terminó su carta diciéndome: tenga cuidado, usted no saldrá vivo de este mundo.
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El hombre, a diferencia de cualquier cosa orgánica o inorgánica del universo, crece más alla de su trabajo, sube a las estrellas de sus conceptos, y emerge al frente de sus logros.
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Me habló de cómo un hombre, un hombre de verdad, no tiene que permitir que la pena lo aniquile. Me repitió una y otra vez que estaba seguro de que el tiempo la suavizaría. Me lo repitió tanto, que me di cuenta de que estaba vencido.