No tratemos de alabar lo que intentamos vender.
Frases célebres sobre: aba. [Página 317]
Hay un total de 6731 freses célebres sobre "aba" este sitio web. [Página 317]
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Un general sabio se ocupa de abastecerse del enemigo.
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La ira es un caballo fogoso; si se le da rienda suelta, se agota pronto por un exceso de ardor.
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Cuando son dos a cabalgar en un caballo, uno de ellos tiene que ir detrás.
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Las sensaciones extremas, cuando se prolongan, acaban por no sentirse.
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¿Has pensado alguna vez que cualquier trabajo puede resultar aburrido para la persona que lo tiene que hacer?
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Aunque no puedas escoger el trabajo en sí, siempre puedes elegir cómo lo vas a hacer... Podemos elegir la actitud que tenemos en nuestro trabajo.
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Si realmente quiero mejorar la situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo.
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Soy gran creyente en la suerte, y he descubierto que mientras más duro trabajo, más suerte tengo.
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Soy gran creyente en la suerte, y he descubierto que cuanto más duro trabajo, más suerte tengo
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Se puede comprar el trabajo de una persona, pero no se puede comprar su corazón.
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La verdadera grandeza se logrará gracias a la mente desbordante que trabaja desinteresadamente, con respeto mutuo, para beneficio mutuo.
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En ese momento, al verle sonreír, caí en la cuenta de que deseaba gustarle. Del resto, de su mano sobre mi cara, de sus dedos recorriéndome el brazo...Aún no estaba segura en absoluto. Pero deseaba agradarle y que él pensara bien de mi.
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Y ahí estaba él, con el rostro demasiado cerca del mío. Su belleza aturdió mi mente...Era demasiada, un exceso al que no conseguía acostumbrarme.
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Sonaba tan real, tan cercano. Sólo cuando desaprobaba mi conducta, como ahora, emergía el verdadero recuerdo de su voz, la textura aterciopelada y la entonación musical que la convertían en el más perfecto de los sonidos.
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A continuación se desató una más que previsible guerra de fotografías. Observé cómo la cámara iba de un lado para otro. Al pasarla, reían, tonteaban y se quejaban de lo mal que habían salido. Parecía extrañamente infantil, o tal vez fuera que ese día no e
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A veces miraba a los soldados heridos con envidia. Le parecía que las personas con cuerpos lacerados debían ser peculiarmente felices. Deseaba que él también hubiera podido ostentar una herida, un rojo emblema del valor.
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Había un hombre con una lengua de madera que intentaba cantar, y en verdad eso era lamentable. Pero hubo uno que oyó el claqueo de esa lengua de madera y supo que el hombre quería cantar. Y con esto el cantante se sintió feliz.
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El corresponsal se preguntaba sinceramente, en nombre del sano juicio, cómo era posible que hubiese gente que considerase divertido remar en un bote. No era una diversión; era un castigo diabólico, y hasta un genio en aberraciones mentales no podría infer
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La artillería resonaba por delante, por detrás y a ambos lados y destrozaba toda idea de dirección. Los mojones del camino habían desaparecido en la creciente oscuridad. El muchacho empezó a imaginar que había llegado al centro de la tremenda lucha y no p