La humanidad es como un hombre ciego que no sabe hacia dónde se dirige.
Frases célebres sobre: abe. [Página 129]
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Los seres humanos ni siquiera se conocen a sí mismos, lo único que sabemos es que el ser humano es distinto a los perros y a los gatos, y tienden a pensar que lo conocen todo.
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La gente lucha duramente para comprender, se convencen de que comprenden y mueren sin saber nada.
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Los gorriones me han causado muchos dolores de cabeza. La siembra directa no puede triunfar si no hay un método eficaz de mantener a raya los pájaros y hay muchos lugares en los cuales la siembra directa ha progresado lentamente por esta única razón.
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Mi vida podría haber sido fácil y llena de lujos, pero he preferido la gloria a la seducción que la riqueza depositaba en mi camino.
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¿Quieres tú saber de mi vida? Yo sólo sé de mi paso, de mi peso, de mi tristeza y de mi zapato.
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¡Sabiduría infinita de no saber olvidarte!
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La abstinencia es buena tanto para la cabeza como para el bolsillo.
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Averguénzate de morir antes de haber conseguido alguna victoria para la humanidad.
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La toda tuya vida es como cada ola: saber matar, saber morir, y no saber retener su caudal, y no saber discurrir y volver a su principio, y no saber contenerse en su afán...
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No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
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Se dice que el hombre posee una experiencia del mundo al que pertenece. ¿Qué significa esto? El hombre explora la superficie de las cosas y las experimenta. Extrae de ellas un saber relativo a su constitución; adquiere de ellas experiencia. Experimenta lo
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Las mujeres abandonadas son las que simplemente aman; las conservadoras son las que saben amar.
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Cuando un marido y una mujer se comprenden, sólo el diablo sabe quién comprende a quién.
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Los hombres superiores son los únicos que saben amar
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Las mujeres abandonadas son las que simplemente aman; las conservadas son las que saben amar
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Si logro encontrarlo, podré escapar; si no, valeroso forastero, temo haberos mezclado en mis desdichas: Manfredo sospechará que sois cómplice de mi fuga, y seréis víctima de su resentimiento.
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Un terrible silencio reinaba en aquellas regiones subterráneas, salvo, de vez en cuando, algunas corrientes de aire que golpeaban las puertas que ella había franqueado, y cuyos goznes, al rechinar, proyectaban su eco por aquel largo laberinto de oscuridad
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Avanzaba sin hacer ruido, en la medida que su impaciencia se lo permitía, aunque se detenía a menudo y aguzaba el oído para saber si la seguían. En uno de esos momentos pensó oír un suspiro. La sacudió un temblor y retrocedió unos pocos pasos. Creyó oír a
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Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos -la felicidad de todos- es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.