Si estás perdiendo el alma y lo sabes, entonces tienes otro alma para perder
Frases célebres sobre: abe. [Página 218]
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Y también está, por supuesto la locura y el terror de saber que alguna parte de vos es como un reloj al que no puede dársele cuerda otra vez, una vez que se para.
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Si quieres saber quienes son tus amigos, haz que te metan en la cárcel.
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El saber es algo; el genio más; hacer el bien es más que los dos y la única superioridad que no crea envidia.
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Debemos usar un libro como las abejas las flores: para absorver su esencia
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Solamente es igual a otro aquel que lo demuestra, y solamente es digno de libertad aquel que sabe conquistarla
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Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo entre multud atareada
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Tu olor de cabellera bajo el agua azul con peces negros y estrellas de mar y estrellas de cielo bajo la nieve incalculable de tu mirada.
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El literato de puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y las direcciones contraria
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¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores; soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí.
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Pues de resultas del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, y otros que nacen y no mueren, otros que sin haber nacido mueren y otros que no nacen ni mueren son los más.
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No me gusta lo convencional. Quiero que la sinuosidad de los acontecimientos sea la textura de mis novelas. Que sorprendan página a página. Creo que improvisar, saber adaptarse y responder al instante es la clave de la felicidad.
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La humanidad es en todos los casos la clave del trato con los salvajes: negar lo humano, verificarlo, ampliarlo, transportarlo a un mundo que no le corresponde, y que siempre es el mundo del arte. Los antropólogos suelen perderse en ese laberinto tan tran
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¿No era tu sonrisa el bosque resonante de mi infancia? ¿No eras tú el manantial la piedra desde siglos escogida para reclinar mi cabeza? Pienso tu rostro inmóvil, brasa de donde parten la vía láctea y ese pesar inmenso que me vuelve más loco que una araña
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¡Alejarse! ¡Quedarse! ¡Volver! ¡Partir! Toda la mecánica social cabe en estas palabras.
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A quien sabes que lo necesita no vendas aquello que puedes darle gratis
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La primera virtud es la de frenar la lengua; y es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse.
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La primera virtud es frenar la lengua, y es un dios quien teniendo razón sabe callarse.
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A nadie perjudicó el haber guardado silencio.
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No dejes escapar nunca aquello que sabes que puede serte útil: las ocasiones tienen el pelo largo delante, pero detrás están calvas