El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo.
Frases célebres sobre: aburri. [Página 12]
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El trabajo aleja tres grandes vicios: el aburrimiento, el vicio y la penuria.
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El secreto de aburrir a la gente es explicarles todo sobre ti.
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Nuestro peor enemigo es el aburrimiento
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El hombre ha nacido para vivir entre las convulsiones de la inquietud o en la letargia del aburrimiento
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El aburrimiento no está lejos del goce: es el goce visto desde las costas del placer.
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Lo político es, subjetivamente, una fuente continua de aburrimiento y/o de goce; es además y de hecho es decir, a pesar de las arrogancias del sujeto político, un espacio obstinadamente polisémico, el sitio privilegiado de una interpretación perpetua que
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Si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar.
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Si todos los días fueran fiestas deportivas, entonces el deporte sería tan aburrido como el trabajo.
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¿Has pensado alguna vez que cualquier trabajo puede resultar aburrido para la persona que lo tiene que hacer?
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Él es tan aburrido como largo el día, y el día es largo.
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El aburrimiento, después de todo, es una forma de crítica.
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Cuando postergas y vacilas malgastas tus momentos presentes en no hacer nada como alternativa a la posibilidad de hacer cualquier cosa. El no hacer nada conduce al aburrimiento.
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Si se atuvieran a la propia experiencia, sentirían siempre que eso no es lo que quieren, que no hay nada más aburrido y pueril e inhumano que el amor, pero, que al mismo tiempo, es bello y necesario
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El aburrimiento es la sensación de que todo es una pérdida de tiempo.
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Los vivos eran los que no se daban cuenta de que sucedían cosas extrañas y maravillosas, porque la vida estaba demasiado llena de cosas aburridas y mundanas.
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Cualquiera le habría tomado por un simple aprendiz de hechicero que había escapado de su maestro por rebeldía, aburrimiento, miedo o un gusto persistente por la heterosexualidad.
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Los sabios aceptaron con reconocimiento y pasaban el resto de sus vidas en asimilar ideas de séptima mano, dormir buenas siestas y aburrir a sus alumnos, que no dejaban de bostezar, con la palabrería anémica y libresca que ellos llamaban sabiduría.