Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción
Frases célebres sobre: ada. [Página 654]
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Los gobiernos tienen muy poca influencia sobre la felicidad privada del hombre
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Nada hay imposible a la naturaleza, sobre todo cuando se propone destruirse a sí misma.
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Nada es perpetuo y pocas son las cosas duraderas.
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Sin una brisa, sin una ola, ¡permanece con la quilla alzada!
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El que nunca cometió un error, probablemente nunca haya descubierto nada.
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Si los males no pueden evitarse, es de sabios reducir el intervalo de espera; estar conscientes, nada más, de cuáles serán los sufrimientos que pueden alcanzarnos si intentamos emprender el vuelo; y sufrir únicamente su daño real sin los conflictos antici
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Cuando es bien empleada, la vida es suficientemente larga.
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El amor no se asusta de nada.
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La fidelidad que ha sido comprada con dinero puede ser vendida por el dinero.
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Un rey es una persona que no teme nada ni desea nada
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Es rey quien nada teme, y rey quien nada desea; cada cual puede regalarse con este reino
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Las penas, consideradas en sí mismas, ciertamente no pueden ser amadas, pero consideradas en su origen, es decir, en la Providencia y Bondad divina que las ordena, son infinitamente amables
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Es una especie de obediencia muy agradable a los ojos de Dios no desear dispensas sin mucha necesidad.
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Las mortificaciones que no van condimentadas con la salsa de nuestra propia voluntad son las mejores y las más excelentes, como las que nos tropezamos por la calle, sin pensar en ellas ni buscarlas, y las de cada día, aunque sean pequeñas
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Hay que dejar que las espintas de las dificultades ciñan nuestra cabeza y que la lanzada de la contradicción traspase nuestro corazón. Beber la hiel y tragar el vinagre... puesto que Dios así lo quiere
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En nosotros todo lo excusamos; en los prójimos, nada; queremos vender caro y comprar barato
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Cada uno es tan desgraciado como cree serlo.
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¿Quién ha tenido jamás valor para decirse la verdad? ¿Quién no se ha adulado a sí mismo cuando los demás le han alabado? Miramos con demasiada afición todo cuanto nos rodea y el favor que nos hacemos impide que nos juzgue¬mos con rectitud.
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En las discusiones prolongadas se pierde la verdad.