Sufrir es más que gozar: es verdaderamente vivir.
Frases célebres sobre: ade. [Página 156]
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En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre.
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Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están de más, cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden.
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Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos.
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La ley del talento, como la de la dicha verdadera, es el desinterés.
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El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.
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Créeme, hijo: cuanto menos carga de antojos se saque de esta vida, más andadero se encuentra el camino de la otra
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La delicadeza sintetiza lo bello.
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El dinero permite al mediocre satisfacer sus vanidades más inmediatas.
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En 1978 quedó claro que las nacionalidades y regiones eran el punto de llegada y no un pistoletazo de salida en una subasta insensata para ver quién es más nación.
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Hay algo humano, más duradero que la supersticiosa fantasmagoría de lo divino: el ejemplo de las altas virtudes.
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Muchos genios son genios sencillamente no porque se desarrollaron sino por estar en el clima y hora adecuados
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Las rebeldías románticas son embotadas por la experiencia: ella enfrena muchas impetuosidades falaces y da a los ideales más sólida firmeza. Las lecciones de la realidad no matan al idealista: lo educan.
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Las ilusiones tienen tanto valor para dirigir la conducta, como las verdades más exactas.
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La burocracia es una convergencia de voracidades en acecho.
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No hay ser que tenga mas juerza que el que obra con honradez.
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Si es un verdadero amigo, no habrá que perdonarle jamás nada
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El verdadero macho, el más viril, es el que aguanta treinta años calzándose a la misma. Eso sí que tiene mérito.
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Quiero pensar que no me gusta volver atrás porque, aun cuando ya me voy haciendo bastante viejo, todavía prefiero mirar adelante, en la vida y en su autobiografía, los libros.
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Para recibir el don de la felicidad el talante más adecuado es, pues, el desprendimiento: no estar prendido a nada, desprenderse de todo. La felicidad, como el pájaro libre, no está nunca en mano, sino siempre volando. Pero tal vez, con suerte y quietud p