El hambre devora casi todo el arte.
Frases célebres sobre: amb. [Página 179]
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La superstición es la poesía de las gentes sencillas y posee también algo de fascinante.
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En Rusia, ella abría las piernas por un trozo de pan, decía la gente después de la guerra. Windisch pensaba entonces: Es bonita, y el hambre duele.
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Aquel que conoce la historia puede también hacer el futuro. Hacer el futuro y pasar sobre el pasado es lo mismo.
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También tenía, y eso me encantaba, unos zapatos de tacón alto. Debajo de sus zapatos se leía lo siguiente: No olvides, querido esposo, mi consejo, y evita bares, aguardiente y vino añejo. En tu casa nunca dejes de cenar, y ama a tu mujercita, que así te h
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En el valle hay un sólido puente de hierro que el tren atraviesa sin cambiar de llanura, rumbo a otra localidad exactamente igual a nuestro pueblo. Bajo el puente hay nieve en invierno y sombra en verano. Jamás se ve agua en el fondo. El río no se preocup
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¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle?
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El hambre es la compañera inseparable del perezoso.
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Al censurar el inconsciente e implantar la consciencia, el superego también censura al censor, porque la conciencia desarrollada registra el acto malo prohibido no sólo en el individuo sino también en su sociedad.
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Luchamos porque estamos demasiado estrechamente atados, porque vivimos en condiciones de esclavitud económica y de ambición moral. Hasta tanto no sea aflojadas nuestras ligaduras, no podrán triunfar finalmente el deseo de creación sobre el deseo de destru
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El aprendizaje es cualquier cambio que haga un sistema para adaptarse a su medio ambiente.
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Diseña todo aquel que idea medidas de acción dirigidas a cambiar situaciones existentes por situaciones preferibles.
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Si es un deber respetar los derechos de los demás, es también un deber mantener los propios.
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Los juegos de azar, con dados o cartas son la misma cosa. Se trata de ganar plata sin dar nada a cambio.
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Todas las ambiciones son lícitas, salvo las que se basan en la miseria o credulidad de la humanidad.
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Un idealista es aquel que cuando se da cuenta de que la rosa huele mejor que el repollo llega a la conclusión de que su sopa será también más rica.
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La enfermedad hace a la salud buena, el hambre a la hartura, el cansancio al descanso.
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Lo mismo es viviente y muerto, despierto y durmiendo, joven y viejo; pues esto al cambiar es aquello y aquello al cambiar es de nuevo esto.
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De haber sido yo un literato, hubiese podido quizá moralizar sobre la futileza de toda ambición.
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El miedo que me dominaba no era un miedo racional, sino un terror pánico, no sólo a causa de los marcianos, sino también debido a la tranquilidad y el silencio que me rodeaban. Tal fue su efecto, que corrí llorando como un niño. Cuando hube emprendido la