Las riñas amorosas raramente acaban en una paz verdadera; normalmente se trata de un simple armisticio que se conceden mutuamente las paces para enterrar a sus muertos. Luego, cuando se reanuda la batalla, vuelven a sacar a la luz hasta a los muertos, y c
Frases célebres sobre: amo. [Página 277]
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Las disputas en las relaciones amorosas siempre surgen, en el fondo, de los fundamentos en que estas se basan.
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La fe es como el amor: no puede ser impuesta por la fuerza.
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Ningún dinero está más ventajosamente empleado que el que nos estafan: pues lo cambiamos directamente por prudencia
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El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.
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Todo amor genuino es compasión, y todo amor que no sea compasión es egoísmo.
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Deambulamos en el laberinto de nuestras vidas y en la oscuridad de nuestras investigaciones; momentos de claridad iluminan nuestro camino como reverberaciones de relámpagos
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El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos
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No discutamos la opinión de nadie. Pensemos que, si quisiéramos quitarle de la cabeza a alguien todos los absurdos en que cree, podríamos alcanzar la edad de Matusalén sin haber acabado
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El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.
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El amor es la compensación de la muerte.
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En la vida ocurre lo que en el ajedrez. Trazamos un plan, pero ese plan está condicionado por lo que quiera hacer, en el ajedrez, el adversario, y en la vida, el destino. Las modificaciones que el plan sufre con ello son casi siempre tan grandes que en su
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Dos personas se acercan hacia nosotros por la carretera, y. Sus siluetas se recortan fantásticamente contra el horizonte. Pero si aplaudiéramos, no lo entenderían, porque no saben nada de su relación con el horizonte.
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Lo que determina el ambiente de un país siempre es por fuerza la política, no la ciencia ni las artes. La política es un proceso continuo, que pende constantemente sobre nuestra cabeza como el horizonte; está ahí, queramos verlo o no, igual que está ahí e
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La sensualidad nos queria persuadir de que estabamos enamorados, pero la razon se resistia al engaño. Entonces la fantasia brindo su oportuna ayuda
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¡Hay que ver! ¡Cuántos amores espléndidos he soñado!
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Es falso decir: Yo pienso; deberíamos decir: alguien me piensa.
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Con el amor, el individuo se hace esclavo de la naturaleza en un momento en el que sólo cree obedecer a sus propios deseos.
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Los pensamientos mas bellos, si no los escribimos, son irrecuperables, y de las amantes, si no las desposamos, procuramos huir alguna vez.
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Comúnmente sólo apreciamos el valor de una cosa después de haberla perdido