Si puedes andar, ¿ para qué arrastrarte ?
Frases célebres sobre: andar. [Página 9]
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El que ha perdido el respeto de sí mismo no sabe ya mandar ni conducir
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El que puede mandarse a sí mismo puede obedecer. Y hay quien sabe mandarse, pero está muy lejos de saber obedecerse
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El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.
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No creo que haya que andar ventilando las cuestiones íntimas o hacer de la sexualidad una pancarta. Me gusta lo secreto, la cosa ambigua, porque también es una forma estética de mantener un estilo de vida y un estilo de escritura.
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El que manda, una vez que toma las decisiones, cuando las decisiones no producen el efecto deseado, no puedo decir: ‘esto no pasó porque vos que dijiste que ibas a hacer tal cosa no las hiciste’. De eso se trata mandar, de hacerse cargo de las cosas que u
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Hay que sanearse y educarse a sí mismo, para quedar libre de dos plagas igualmente abominables: la costumbre de obedecer y el deseo de mandar. Con almas de esclavos o de mandones, no se va sino a la esclavitud o a la tiranía.
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No hay nada tan conveniente como andar libre por el mundo.
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Yo no sé si soy un estadista. Lo que es cierto es que, de la política, lo que me interesa es mandar.
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Andaré este largo camino, este camino tan largo, hasta el final, hasta el final del corazón, andaré este camino largo, largo, largo...
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El viento gira en torno nuestro, gira, ¿qué dices? Digo: Andaré este largo camino hasta mi final... hasta el final.
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Si compila está bien, si echa a andar es perfecto.
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Que amante y loca una noche yo la pudiera abrazar y mañana sea de piedra imposible de ablandar.
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En la calle como en el sexo andar con precaución
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¿Quién es el hombre inútil? El que no sabe mandar ni obedecer.
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Sólo es feliz y grande aquel que para llegar a ser algo no necesita ni mandar ni obedecer.
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Sirviendo a los demás aprendemos a saber mandar y a conocer cuál es nuestra autoridad.
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Y yo recordando que olvidé tender la ropa, preguntándome qué andarás haciendo ahora.
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El orgullo de quien se cree hermosa daba a su andar un ritmo insolente.
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Es mejor ser hombre que mujer, porque hasta el hombre más miserable tiene una mujer a la cual mandar.