Cuando sonríe toda la gracia está en su boca y la alegría como una fiesta entre sus ojos.
Frases célebres sobre: ando. [Página 400]
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Que en este mi infortunio está mi suerte: pues llevando mi muerte entre mi vida, es inmortal la vida de mi muerte.
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Pues no hay idea de todo lo que desperdiciamos y dejamos abandonado a lo largo de veinticuatro horas, y que puede servir otra vez aunque sea como materia prima. Y el desperdicio es también una inmoralidad.
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¡Qué natural lo que se acaba cuando ya se apaga por sí! Voy con la razón satisfecha, dormido, contento feliz.
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Cuando pierden de vista la moral, civilización y cultura degeneran y se destruyen a sí mismas.
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Un mamuuuut por el jardín izquierdo, la pelota va para atrás, para atrás, para atrás y está descansando en paz, Sr...el pitcher con esa música lo entierren. -Home Run-
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¿Cuán feliz es la suerte de la inocente vestal? Al mundo olvida y el mundo la olvidó. El eterno resplandor de la mente inmaculada acepta todas las plegarias y renuncia a todos los deseos
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Los de mentalidad reducida se parecen a las botellas: cuando menos tienen, más bulla hacen.
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No hay cristales de más aumento que los propios ojos del hombre cuando mira su propia persona.
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Nunca está más elevado el ánimo que cuando ha encontrado un trabajo adecuado.
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La prensa es una boca forzada a estar siempre hablando. En consecuencia habla una y mil veces aún sin tener nada que decir.
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Se puede amar sin sufrir cuando se ama sin enrojecer.
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Porque el demonio es ahora más sagaz que antiguamente y tienta, no con la pobreza, sino dando riquezas
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¿Quién decide cuando los médicos no están de acuerdo?
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Las palabras son como las hojas. Cuando abundan, poco fruto hay entre ellas.
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Cuando el corazón es bueno, el dolor es saludable.
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Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama.
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¡Qué insensatez! ¡Responder de otro hombre cuando los más juiciosos, los que Dios considera como los mejores, no se atreven a responder de sí mismos!
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Se puede olvidar a Dios en los días felices, pero cuando el infortunio llega, siempre es preciso volver a él.
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Trata al buen vino como a la mujer, con delicadeza, sin golpearla, y cuando lo bebas, dedícale algunas palabras agradables, hasta los vinos aprecian esto.