Cantaba regular, pero movía el culo con un swing que derretía el hielo de las copas.
Frases célebres sobre: ant. [Página 257]
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Antes de que me quieras como quieres a un gato, me largo con cualquiera, que se parezca a ti.
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¿Qué maldición separa a los amantes que no se han olvidado?
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¿Quién dijo que hoy es múltiplo de antes, y el ego un envidioso malcriado…?
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La canción que estoy cantando
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A partir de determinada hora de la madrugada, sabes que cualquier tipo que te cruces en un retrete es un golfo, y eso es muy excitante.
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Debería haber millones de Subcomandantes Marcos
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El cantante debe traicionar a su público.
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Para los grupos españoles que cantan en inglés debería existir la pena de muerte.
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Plácido Domingo me hace vomitar cuando canta tangos. Y a veces también cuando no los canta.
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Soy mejor fumador que cantante
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Soy muy mal novio, un pésimo amante y peor marido. Pero un estupendo amigo.
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La poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura. Donde no suele cobijarse nunca es en el verbo de los subsecretarios, de los comerciantes o de lo
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Ramoncín que se joda. Si es más tonto no nace. Y sus discos no se venden ni en el top-manta
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Bastaría con que en las actas chiapanecas del dolor, conste que mi corazón es una ciencia inexacta, que a regañadientes pacta, con la razón militante. Ojalá, subcomandante, al cabo de este pregón merezca tu absolución, este afónico cantante.
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Me encargaste una canción y por décimas te salgo, hace meses que cabalgo sobre la contradicción de restaurar la emoción, en tiempos tan iscariotes, con la mano en el escote del verso a la antigua usanza. Así hablaba Sancho Panza con mi señor Don Quijote.
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La menor reincidencia rompería el encanto.
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El que no quiera ir a los toros, que no vaya. Y que se dejen de tocarnos los cojones, que hay cosas más importantes. Pero que no hablen de ecología ni de amor a los animales, porque no conozco a nadie que los ame más que los ganaderos y los toreros.
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Cualquiera desearía que ante la perífrasis amenazadora de te tengo que decir algo” hubiese una buena nueva.
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La prosperidad del crimen es como el rayo, cuyos engañosos fuegos sólo embellecen un instante la atmósfera para precipitar en los abismos de la muerte al infeliz a quien han deslumbrado.