A una amapola deja sus alas la mariposa como recuerdo.
Frases célebres sobre: apo. [Página 20]
Hay un total de 696 freses célebres sobre "apo" este sitio web. [Página 20]
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Apoyada a un árbol desnudo de raras hojas una noche estrellada.
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La amapola florece y por la brisa del día desparramada.
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Una extremidad apoyado sobre la montaña el río celeste.
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Esa pizca de sal del adulterio aporta insospechados alicientes al placer.
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Las ondas del chapoteo derriten poco a poco el hielo del estanque.
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He decidido apostar por el amor. El odio es una carga demasiado pesada
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Así pues, refrenó las inclinaciones de su corazón, y no se permitió concesiones a la piedad. El siguiente sentimiento que se apoderó de su alma fue una exquisita maldad.
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Él es mi amigo más querido y el más cruel de mis rivales, mi confidente y el que me traiciona, el que me apoya y el que de mí depende; y lo más espantoso de todo: es mi igual.
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Se puede hacer una guerra sin piedad contra los guapos, los listos y los triunfadores, pero no contra los que no tienen ningún atractivo.
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Entró en el territorio de mentiras sin pasaporte para el regreso.
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El Cinema Novo apoyó la utopía brasileña. Si es feo, irregular, sucio, confuso y caótico, es, al mismo tiempo, bello, brillante y revolucionario
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La felicidad siempre prende de un hilo. Por que si es verídica, cualquiera trota a apoderarse de ella.
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Una lucha que moviliza todas las capas del pueblo, que expresa las intenciones y las impaciencias del pueblo, que no teme apoyarse casi exclusivamente en ese pueblo, es necesariamente victoriosa
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La constante afirmación de respetar la cultura de las poblaciones autóctonas no significa considerar los valores aportados por esa cultura. Bien pronto se advierte en este propósito una voluntad de objetivar, encasillar. yo los conozco, ellos son así. El
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Toda revolución se evapora y deja atrás sólo el timo de una buena burocracia
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El progreso se evapora y deja atrás una estela de burocracia.
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Acaso no haya nada tan considerable en la historia de los cristianos como Rancé rezando a la luz de las estrellas, apoyado en los acueductos de los césares, a la puerta de las catacumbas: el agua se lanzaba con fragor por encima de las murallas de la Ciud
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Hitler habla durante dos horas. Me siento abatido. ¿Qué Hitler es éste? ¿Un reaccionario? Fabulosamente torpe e inseguro ... . Ya no creo ciegamente en él. Esto es lo terrible: he perdido el apoyo interior. Sólo soy a medias.
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Todas las filosofías cínicas han hecho su entrada en la sociedad arropándose con los guiñapos de la franqueza.