Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad.
Frases célebres sobre: aqu. [Página 155]
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En aquellos días aprendí dónde hay que interrumpir la discusión para que no se transforme en embuste y dónde ha de empezar la resistencia para salvaguardar la libertad.
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Un hombre envuelto en sí mismo hace un pequeño paquete.
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El más desgraciado de los hombres es aquel que no sabe soportar una desgracia.
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Aquellos que pueden renunciar a la libertad esencial por conseguir una pequeña seguridad transitoria no merecen ni la libertad ni la seguridad.
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La hora del amanecer es aquella en que el crimen pesa, la orgía se halla extenuada y hasta la desolación encuentra un albergue.
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¡Adiós! Nunca me olvides, y aquella estrella amiga siempre a tu mente diga que estoy pensando en ti...
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Es huérfano y es niño aquel que está desnudo de caricias.
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La poesía es conocimiento revelado. La palabra del verdadero poeta siempre tiene potencia reveladora, amplía el horizonte de percepción, hace ver aquello que es diferente a lo conocido, hace ver lo diferente en lo conocido.
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Casi todo lo absurdo de nuestra conducta es el resultado de la imitación que hacemos a aquellas personas con las cuales no nos podemos asemejar.
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Aquí estás, ombú gigante a la orilla del camino, indicando al peregrino no siga más adelante en la llanura sin fin. ... Ese destino te espera, árbol, cuya vista asombra, que al caminante das sombra sin dar al rancho madera, ni al fuego una astilla dar; re
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Aquello que es en sí y se concibe por sí; esto es, aquello cuyo concepto no necesita del concepto de otra cosa, a partir de lo cual deba formarse.
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Concluimos, pues, que todos los libros que hemos examinado hastá aquí son apógrafos...
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..., creían los judíos que aquella región, que Dios les había elegido, exegía un culto especial a Dios, totalmente distinto del de las otras regiones, y que incluso no podía tolerar el culto de los otos dioses y propio de otras regiones.
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Debemos buscar el comienzo de todo, de seguro, en la nube que reventó en lluvia aquella tarde, con tan inesperada violencia que sus truenos parecían truenos de otra latitud.
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La conversación más agradable es aquella de la que no se recuerda nada con precisión, pero deja una impresión general agradable.
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Aquellos días de los primeros combates de ajedrez, el tablero me seducía como quizá no me haya vuelto a seducir posteriormente. Es raro el ajedrecista principiante que no haya vivido un periodo así de atracción pasional por el tablero.
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Más vale quedarse aquí y esperar, a lo mejor se calma la tormenta y se despeja el cielo, y entonces podremos encontrar el camino por las estrellas.
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Sí, sí, el ataque de celos es una enfermedad como la peste, como el tenebroso esplín, como las fiebres, como la lesión cerebral. Consume como la fiebre; posee su ardor, su delirio, sus pesadillas y sus vestigios. ¡Dios os libre, amigos míos!
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La única guerra que pierde el pueblo es aquella guerra orquestada por el imperio donde luchan los pobres contra los contra pobres.