Nada es barato ni caro, todo es igual en la vida... Las cosas valen tan sólo lo que cuesta conseguirlas
Frases célebres sobre: ara. [Página 450]
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Guardó para sí su intimidad, entendiendo que el escritor público no tiene por qué ocultarse de su propia vida.
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Si para la defensa bastare empuñar el escudo, no debe esgrimirse la espada
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Se puede decir que el paralelismo es un intento de organización espacial de los signos en su desarrollo temporal. En un dístico paralelo, no hay progresión linealo lógica de un verso a otro; los dos versos expresan, sin transición alguna entre ambos, idea
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Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos.
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La sinceridad es una efusión del corazón. Muy pocos la tienen; y la que ordinariamente vemos no es sino un refinado disimulo para ganar la confianza de los demás
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Es preciso perdonar mucho para no olvidar nada
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Dos cosas más aprendimos en la lluvia: cualquier sed tiene derecho cuando menos a una naranja grande y toda tristeza a una mañana de circo, para que la vida sea, alguna vez, como una flor o una canción.
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Y qué bueno hubiera sido encontrarnos algún día para entregarnos cuentas de lo andado, para mirarnos a los ojos por lo menos una vez más en la vida, y arrancarnos -¿quién sabe?- las flores que entretanto nos hubieran crecido para el otro en el propio cora
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El doctor se puso en pie, blanco como un cadáver, y esbozó una deplorable sonrisa de hiena; pero no intentó resistirse. Incluso, sin soltar la estilográfica, ofreció sus manos al policía para que lo esposara adecuadamente. Tenía cierta expresión canina en
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La moral, por muy concienzuda que sea, rara vez supera sus propios términos municipales. No hay una moral universal. Sólo hay morales municipales.
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Las maravillas del mundo nunca son pocas, lo que siempre falta es la capacidad de sentir y admirar
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El poema, esa extraña máscara más verdadera que la propia cara
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Tenemos más fuerza que voluntad, y a menudo para disculparnos a nosotros mismos suponemos que las cosas son imposibles.
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Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros.
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Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
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El orgullo, que tanto alienta nuestra vanidad, nos sirve a menudo para moldearla.
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El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.
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La muerte sólo será triste para los que no hayan pensado en ella.
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Es preciso estar siempre presto a declarar la guerra, para que no nos veamos obligados a la desgracia de tener que aceptarla.