Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que ellos practican, la otra mitad practica lo que ellos censuran; el resto siempre dice y hace lo que debe.
Frases célebres sobre: ara. [Página 723]
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No hagas ningún gasto como no sea para hacer bien a los demás o a tí mismo, es decir, no desperdicies nada.
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Come para complacerte a tí mismo, pero viste para complacer a los demás.
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Cualquier sociedad que renuncie a un poco de libertad para ganar un poco de seguridad, no merecen ninguna de las dos cosas.
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La cólera no carece nunca de motivos, pero ésta rara vez es suficiente.
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Si el hombre lograra la mitad de sus deseos, redoblaría sus inquietudes.
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Lo que cuesta mantener un vicio bastaría para criar dos hijos.
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La felicidad no se produce por grandes golpes de fortuna, que ocurre raras veces, sino por pequeñas ventajas que ocurren todos los días.
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¡Arriba, haragán! ¡No desperdicies la vida! Ya dormirás bastante en la sepultura.
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Las leyes demasiado benignas rara vez son obedecidas; las demasiado severas, rara vez ejecutadas.
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El hombre... es un ser nacido para creer.
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Sostengo que lo característico de esta época es una ansiosa credulidad.
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El secreto del éxito en la vida del hombre consiste en estar dispuesto para aprovechar la ocasión que se le depare
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El secreto del éxito en la vida de un hombre está en prepararse para aprovechar la ocasión cuando se presente.
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La ciencia es para el mundo moderno lo que el arte fue para el antiguo.
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La juventud es un disparate; la madurez, una lucha; la vejez, un remordimiento.
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Lo que prevemos, raramente ocurre; lo que menos esperamos es lo que sucede generalmente.
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Todos hemos nacido para el amor... Es el principio de nuestra existencia, como también es el fin.
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El programa sigue siendo este: combatir. Para nosotros los fascistas, la vida es un combate continuo e incesante, que aceptamos con una gran desenvoltura, con un gran valor. Con la intrepidez necesaria
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El poder de la palabra tiene para los gobernantes un valor sin límites. Ahora, que debe variarse constantemente. A la multitud hay que hablarle poderosamente, con lógica a una asamblea, familiarmente a grupos pequeños. Ése es el error de muchos políticos: