Puede soportarse la cobardía como un mal de nuestro tiempo, siempre que ésta no alardee.
Frases célebres sobre: ardí. [Página 9]
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Mala cosa cuando en el ánimo se representa la temeridad con rostro de valentía, y la cordura con rostro de cobardía.
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En la oscuridad te llamé, todo era silencio y una brisa que se llevaba la cortina. En el cielo apagado una estrella ardía, una estrella partía, una estrella moría.
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Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivos.
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El jardín le parecía extraño y le daba la sensación de estar a cientos de millas del resto del mundo; pero no se sentía sola. Su única preocupación era saber si las rosas volverían a florecer. Ella no quería un jardín sin vida; lo quería cubierto de rosas
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El jardín presentaba un aspecto tan maravilloso que parecía como si unos magos lo hubieran atravesado dibujándolo.
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La ironía es el coraje de los débiles y la cobardía de los fuertes.
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Entramos a una casa de portón grande, jardín descuidado y aromas diluidos del reciente verano. Había hojas en el suelo y un silencio solemne ... Una tristeza impresionante se extendía por toda la casa: se diría abandonada o habitada por personas sin esper
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Sólo somos el muro que retiene el jardín.
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¿Es que no bastaba ver la belleza de un jardín, sin tener que creer por ello que estaba habitado por las hadas?
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Y en la alcoba que tu alma tapizaba de armiño, donde ardían los vasos de rosas de cariño, la soledad llamaba en silencio al horror...
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Ni siquiera una rosa colmaría tu abismo si este sol que te llena se perdiera en el azul de un ángelus tardío.
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Si se admite que el suicidio es un crimen, sólo la cobardía puede impulsarnos a él. Si no es un crimen, tanto la prudencia como el valor nos obligan a desembarazarnos de la existencia cuando ésta se convierte en una carga
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La espada de la divina justicia no hiere prematura ni tardíamente, aunque una u otra cosa parezca a los que la deseen o la temen
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Bajo la impresión que tenemos de que los deberes del hombre son públicos, parecería que sólo y exclusivamente privados deberían ser los de la mujer; pero, ¿podemos admitir que el reino de la mujer esté encerrado entre los mueros del jardín donde abren sus
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La mayor cobardía de un hombre es despertar el amor de una mujer sin tener la intención de amarla
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Si el Everton jugara en el jardín de mi casa, correría las cortinas
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A medida que pasaban los subvertigueros les rompían en la cabeza globitos de cristal muy delgado llenos de agua lustral y les hincaban en los cabellos bastoncillos de incienso encendidos que ardían con llama amarilla en los hombres y violeta en las mujere
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Los hijos tardíos son huérfanos pronto.
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Ahora apareces, resucitada tú entre todas las muñecas, con vestido de alma, a poblar mi jardín de niños muertos que juegan con la noche al escondite.