La amistad repugna la pobreza y el dolor, como la planta la oscuridad y el aire enrarecido. Si deseas conservar amigos, ocúltales tus penurias y pesadumbres
Frases célebres sobre: are. [Página 239]
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... la adversidad sigue a la ventura como la sombra al cuerpo. Ambas, parecen, en efecto, fases alternativas de la irremediable ondulación del humano destino.
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La simpatía es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta.
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Al tratar de la vida feliz, no debes nunca contestarme como en la elecciones: este partido parece tener mayoría, pues por esto mismo, es el peor.
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No es imposible que para algún ser infinitamente superior, todo el universo sea como una sola llanura, que la distancia entre los planetas sea apenas como los poros de un grano de arena, y que los espacios entre un sistema y otro no sean mayores que los i
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La vida es un viaje de carencia en carencia, no de gozo en gozo.
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Casi todo lo absurdo de nuestra conducta es resultado de imitar a aquellos a los que no podemos parecernos.
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Las riquezas son verdaderas espinas; ellas punzan con mil penas al adquirirlas, con muchas inquietudes conservándolas, con muchos disgustos gastándolas y con mucho pesares perdiéndolas.
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Las riquezas son verdaderas espinos; ellas punzan con mil espinos al adquirirlas, con muchas inquletudes conservándolas, con muchas disgustos gastándolas, y con muchas pesares perdiéndolas
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¡Cuánto se parece a la amistad la adulación!
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Con tal de estar con Dios, ¿qué más da que sea de una manera o de otra? Puesto que realmente sólo le buscamos a Él, y no lo encontramos menos en la mortificación que en la oración -sobre todo cuando nos envía la enfermedad-, nos deben parecer tan buenas t
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Nada ha podido retrasar más el avance de la ciencia que la actitud de las mentes vulgares, que envilecen lo que no pueden comprender.
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Es una gran ventaja para el hombre sabio no parecerlo.
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Tenemos la obligación de dar ejemplo con nuestra vida y nuestra doctrina, no sea que hayamos de pagar nosotros el castigo de quienes parecen ignorar nuestra religión, y así pecaron por su ceguera. Pero también vosotros debéis oírnos y juzgar con rectitud
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La enemistad oculta es la más peligrosa: declarada, carece de probabilidades para vengarse.
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Entre tu aurora y mi ocaso, el tiempo desaparecía y era nuestra y era mía sangre, labio, vino y vaso.
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Porque en mí floreció tu primavera; porque tu otoño maduró mi espiga que el invierno guarece y atempera...
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Hoy no lució la estrella de tus ojos. Náufrago de mí mismo, húmedo del brazo de las ondas, llego a la arena de tu cuerpo en que mi propia voz nombra mi nombre, en que todo es dorado y azul como un día nuevo y como las espigas herméticas, perfectas y calla
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Parecía la amapola que ayer vi en el cementerio, sus rojos labios que ansiaban darme los últimos besos.
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Si todos los seres humanos viviéramos enamorados, hasta el mismo veneno de las víboras desaparecería.