Nada me complacía tanto como leer o escuchar horribles historias de genios, brujas y duendes; pero, por encima de todas las escalofriantes apariciones, prefería la del Hombre de Arena que dibujaba con tiza y carbón en las mesas, en los armarios y en las p
Frases célebres sobre: arma. [Página 20]
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La discordia que divide a los amigos es la mejor arma para los enemigos.
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Dicen que el cuerpo es como el armario donde se guarda el alma. Está bien. Sin embargo, a veces, el alma es tan grande que el cuerpo, como grano de anís, se guarda en el alma.
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El pueblo estaba en silencio, vacío, y en la distancia se oía el rumor de la guerra: el golpe de los tunkules, de las icoteas y los gritos de los indios en armas. El nombre de Canek era voz y eco en la sombra.
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Sin duda, no hay cacería como la caza de hombres y aquellos que han cazado hombres armados durante el suficiente tiempo y les ha gustado, en realidad nunca se interesarán por nada más.
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Quizás no fuese más inteligente que él pensó- acaso estuviese mejor armado.
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Estoy de rodillas y con las manos apoyadas en el suelo en la entrada del despacho del señor Grey, y unas manos amables me rodean para ayudarme a levantarme. Estoy muerta de vergüenza, ¡Qué torpe! Tengo que armarme de valor para alzar la vista. Madre mía,
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El error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea.
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Si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas; si deponemos las armas no tendremos jamás paz.
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Entre el ruido de las armas las leyes no se pueden escuchar.
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Las leyes guardan silencio cuando suenan las armas.
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Que las armas se sometan a las togas.
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Las leyes callan en medio de las armas.
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Que las armas cedan a la toga.
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Que las armas cedan a la toga y el laurel se conceda a los méritos
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Las leyes se acallan con las armas.
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Las leyes callan cuando las armas hablan.
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El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva.
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Aquel que le tiene miedo a la palabra es un pobre tipo. Posiblemente lastime más una palabra que un cuchillo. Un arma te puede quitar la vida, pero no las ideas.
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Tomen mi arma... ¡Desde mis frías y muertas manos!