Te llevo en el corazón, nimbada de mi sofisma, como un siniestro aneurisma que rompe mi corazón...
Frases célebres sobre: bad. [Página 9]
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Nadie es tan valiente que no sea perturbado por algo inesperado
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Yo te hubiera alabado más a ti si tú me hubieras alabado menos.
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Como canta el abad, responde el sacristán.
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Obra empezada, medio acabada.
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Al burro muerto, cebada al rabo.
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La convicción de que la vida tiene una finalidad está grabada en todas las fibras del hombre, es una propiedad de la sustancia humana.
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La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de
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Las frivolidades del mundo me han robado el tiempo. Esto me ha hecho reflexionar sobre Dios
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Mi corazón me han robado; y Amor viendo mis enojos, me dijo: Fuete llevado por los más hermosos ojos que desque vivo he mirado. Gracias sobrenaturales te lo tienen en prisión. Y si Amor tiene razón, señora, por las señales, vos tenéis mi corazón.
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Mi obra perturba a la gente y nadie quiere ser perturbado. La gente no es plenamente consciente del efecto que mi trabajo tiene sobre ellos, pero ellos saben que es perturbador.
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Creo que para el sábado por la noche habrán descubierto que todo juego y nada de trabajo es tan malo como todo trabajo y nada de juego.
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Es cosa muy probada que por sus besos la dueña queda muy engañada.
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Los buenos pintores son como los buenos cocineros; puede ser probado, pero no ser explicado.
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Las cosas, una vez principiadas, ni se has de olvidar ni dejar, hasta ser acabadas, que es nota de poca prudencia muchos actos comenzados y acabado ninguno.
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Las manzanas robadas que comí me produjeron dolor de estómago.
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Para la siembra, simplemente esparzo a voleo centeno o cebada por estos campos durante el otoño, mientras el arroz todavía está en pie. Unas semanas más tarde cosecho el arroz y esparzo su paja sobre los campos. Es lo mismo para la siembra del arroz.
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O la Victoria o la Abadía de Westminster
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El cansancio que tengo es infinito; todo el dolor del mundo lo he probado; un laberinto de ansiedad habito y a tientas me revuelvo en lo intrincado.
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¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez ... Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado? ...