Se callan, es bastante alabanza.
Frases célebres sobre: basta. [Página 37]
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Que nada te traume, que nada te turbe, todo se pasa, solo Dios basta.
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Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta.
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Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que amamos
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La gruesa bestia tiene como fin la existencia. Yo soy el que soy. Ella también lo dice. Le basta con existir, pero no puede concebir ni admitir que otra cosa exista. Siempre es totalitaria.
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Cuando se ha pecado por injusticia, no basta sufrir justamente, hay que sufrir la injusticia.
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No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que
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La confianza ha de darnos la paz. No basta la buena fe, es preciso mostrarla, porque los hombres siempre ven y pocas veces piensan.
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No hacen falta alas para ser más bellos, basta el buen sentido del amor inmenso, no hacen falta alas para alzar el vuelo
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Mucho se ha escrito sobre el amor, basta sentirlo para saber que no se ha escrito nada.
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Solamente sabe mucho el que sabe lo bastante para vencer.
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Es difícil tener como amigos a todos; basta con no tenerlos como enemigos
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El primer grado de las riquezas es tener lo preciso, y el segundo la que basta.
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Pero lo bastante no era bastante. ¿Quién ha visto alguna vez el límite de lo otorgado?
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No existe ningún ser humano lo bastante fuerte e inteligente para evitar mediante palabras o acciones el destino fatal que le deparan las leyes inevitables de su propia naturaleza y carácter.
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Con doce años ya me había convertido en una persona bastante responsable. Pero antes era un golfillo. Combatíamos el hambre choriceando huevos en las tiendas
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Para saber algo, no basta con haberlo aprendido.
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Hay ciertas cosas que para hacerlas bien no basta haberlas aprendido.
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Engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil. Por eso el orador tiene menos mérito que el abogado o el curandero.
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No basta examinar; hay que contemplar: impregnemos de emoción y simpatía las cosas observadas; hagámoslas nuestras, tanto por el corazón como por la inteligencia.