Veo a los periodistas como trabajadores manuales, los obreros de la palabra. El periodismo solo puede ser literatura cuando es apasionado
Frases célebres sobre: bra. [Página 161]
Hay un total de 4937 freses célebres sobre "bra" este sitio web. [Página 161]
-
-
Yo no tengo idea, sólo tengo palabras y silencios.
-
El alcohol es estéril. Las palabras que se dicen en una noche de borrachera se desvanecen como la oscuridad al comienzo del día
-
Con la palabra diablo se consiguió crear un enemigo poderosísimo y temible de tal manera que era razonable sufrir por tal enemigo.
-
Brasil es muy impopular en Brasil.
-
El bar es resonante como una concha marina. Todas las voces brasileñas pasan por allí.
-
El brasileño no está preparado para ser 'el más grande del mundo' en cosa alguna. Ser 'el más grande del mundo' en cualquier cosa, aunque sea en escupido en distancia, implica una grave, pesada y sofocante responsabilidad.
-
Hay que estar acostumbrado a vivir en las montañas, y ver a nuestros pies la miserable charlatanería de egoísmo de los pueblos desarrollados.
-
Todo lo miserable, lo sufre que de sí mismo, lo atormentado por malos sentimientos, el entero mundo-ghetto del alma, ¡de un golpe, encumbrado! — Basta leer a cualquier agitador cristiano, a San Agustín, por ejemplo, para comprender, para oler qué sucia pa
-
Quien siembra en el espíritu, planta un árbol a larga fecha
-
He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.
-
El triunfo y la felicidad se logran mejor cuando un artista hace lo que le dicta su corazón; si no se siente lo que se actúa, tampoco lo va a sentir el público. En otras palabras, hay que ser auténticos hasta donde sea posible.
-
Moraleja: toda palabra en boca de un primer cristiano es una mentira...
-
A menudo, igual que los pequeños ante una tienda de juguetería, pego la cara a las brillantes lunas donde se venden las palabras bellas.
-
Y de nuevo voy cogiendo brazados de palabras entre la hierba fresca y bajo el cielo.
-
El dolor, la amargura, las sombras el aliento en huida, la muerte luego la luz que de repente vino y tú fuiste marcando sus aristas celestes ante el asombro alegre de mis ojos.
-
¿Aspiro acaso a la felicidad? ¡Yo aspiro a mi obra!
-
No amaba menos, sino al contrario. Pero el peso del amor, como el de un brazo tiernamente posado sobre un pecho, se hacía cada vez más difícil de soportar
-
Yo abrazo, delicia pura, tu cara desconocida, idéntica a mi alma
-
Cuerpo, compañero, juntos nos moriremos. No puedo no querer la sombra que tenemos, no apresar con ella el resplandor de un verso