La buena suerte libra a muchos del castigo, pero a nadie le libra del miedo
Frases célebres sobre: bra. [Página 246]
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Lo que se hace con precipitación nunca se hace bien; obrar siempre con tranquilidad y calma
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Ninguno diga: Dispongo sólo de un talento, no puedo lograr nada. También con un solo talento puedes obrar de modo meritorio
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Con mástiles torcidos y proa sumergida, como el perseguido a gritos y a golpes aun pisa la sombra de su enemigo y hacia adelante dobla su cabeza, el barco iba rápido, fuerte rugía el estrépito y hacia el ojo del sur escapábamos.
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La esperanza es como el sol, a medida que nos acercamos, arroja la sombra de nuestra carga detrás de nosotros.
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Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia.
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El lenguaje es el único instrumento del que dispone la ciencia, y las palabras son los signos de las ideas.
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El galardón de las buenas obras es haberlas hecho. No hay otro premio digno.
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La Cruz es de Dios, pero es Cruz porque no nos abrazamos a ella; puesto que si estuviéramos firmemente resueltos a querer la que Él nos envía, dejaría de ser cruz. Es Cruz porque no la queremos, pero si es de Dios, ¿por qué no la queremos?
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Lo que se hace con precipitación nunca se hace bien; obrad siempre con tranquilidad y calma.
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Un hombre acostumbrado a las adversidades no es fácilmente sorprendido.
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Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la preseverancia.
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La venganza es una palabra inhumana.
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Sus palabras sobre el ejercicio de la paciencia, y sobre el estar prontos a servir y ajenos a la ira, son éstas: a quien te golpee en una mejilla, preséntale la otra, y a quien quiera quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas. Más quienquiera que se
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Las palabras son horcas en las que cuelgo, a trozos, la razón.
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Este perfume intenso de tu carne, no es nada más que el mundo que desplazan y mueven los globos azules de tus ojos, y la tierra y los ríos azules de las venas que aprisionan tus brazos.
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Hoy no lució la estrella de tus ojos. Náufrago de mí mismo, húmedo del brazo de las ondas, llego a la arena de tu cuerpo en que mi propia voz nombra mi nombre, en que todo es dorado y azul como un día nuevo y como las espigas herméticas, perfectas y calla
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Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío, junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu abrazo, de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas, sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia.
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Y al ostentar desnuda tus hechizos, el mar, con un abrazo tembloroso, te envuelve en haz de onduladores rizos.
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A la luz de tu mirada despido mis penas todas, como a la luz de los astros la hoja despide la sombra.