Sobre este muro frío me han dejado con la sombra ceñida a la garganta, donde oprime sus brotes de tormenta un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.
Frases célebres sobre: bra. [Página 244]
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La palabra me devora si me aviva el pensamiento, y en callada flor del viento mi antigua canción demora.
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La felicidad pasa tan deprisa que no deja huella, salvo en el caso de las obras de la imaginación
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Mi nombre, en aquel entonces, era Susan Trinder. La gente me llamaba Sue. Sé en qué año nací, pero durante muchos años no supe la fecha, y celebraba mi cumpleaños en Navidad. Creo que soy huérfana. Sé que mi madre ha muerto. Pero nunca la vi, no era nadie
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Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente.
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Del tormento se libra el que fácilmente lo sufre.
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Cada uno sufre o goza según sus obras.
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No hace buenas obras el que contra su voluntad es útil.
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Para bien obrar, el que da debe olvidarlo luego y el que recibe, nunca.
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En este instante puro para mirar la muerte puede mi sombra amiga reconquistar tu frente.
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Porque hay uno, entre todos uno, glorioso pasto de la llaga. Rey sin ventura. El inocente: el que ha traído la palabra.
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La noche anterior, el cuarto había sido tan irreal como un escenario: un espacio de luz y sombras, colores y aromas de un fulgor inverosímil, en el cual nos habían otorgado la licencia de no ser nosotras mismas, o de ser algo más que nosotras mismas, como
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Feas palabras, aun livianamente dichas ofenden.
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Tu espalda es una firme línea de costa del este y brazos y piernas se prolongan más allá de tus colinas graduales.
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Cuando fui a los lavabos había un corazón con una flecha y palabras de amor. Deja que duerma recostado en tu pecho, camino al aeropuerto.
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Había también libélulas, mariposas con lunares, pero lo mejor de todo era esa baba caliente y espesa de huevos de rana que, a la sombra de las orillas, crecía como agua coagulada.
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No existe ningún ser humano lo bastante fuerte e inteligente para evitar mediante palabras o acciones el destino fatal que le deparan las leyes inevitables de su propia naturaleza y carácter.
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Pertenezco a un pueblo y a una cultura que no se ha resignado a darle la última palabra al dolor y ha convertido sus pesares en materia de esperanza. El judío confía en una interpretación más y cree que es posible volver a empezar. El holocausto no tuvo l
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Y es así como, oyéndolo, no somos ya las cosas que nos pasan; somos, por obra de la música que nos transporta, sustrae y exalta, un desnudo pasar sin cosas; la más pura intensidad.
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Toda obra, todo texto, cumple una doble función: permite expresarnos y evidenciar luego la necesidad de volver a hacerlo.