Los cautelosos muy poco se equivocan.
Frases célebres sobre: can. [Página 148]
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Después de Liszt, todos los otros virtuosos parecen insignificantes, incluso Thalberg.
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Cuando aspiras a alcanzar el puesto más alto, recuerda que es honorable la segunda, o tercera posición.
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No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla.
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Hay dos clases de belleza, el encanto y la dignidad. El encanto es la cualidad de la mujer; la dignidad, del hombre.
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La falsedad está tan cercana a la verdad que el hombre prudente no debe situarse en terreno resbaladizo.
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El futuro de la tecnología amenaza destruir todo lo que es humano en el hombre, pero la tecnología no alcanza a la locura, y en ella es donde lo humano del hombre se refugia.
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El experimentador que no sabe lo que está buscando no comprenderá lo que encuentra.
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Como método científico, el método experimental descansa totalmente en la verificación experimental de una hipótesis científica.
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La naturaleza nos ha dotado con un incansable deseo de ver la verdad en nuestras mentes.
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Gran descanso es estar libre de culpa
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Todos los mecanismos vitales, por variados que sean, tienen un objetivo, la constante preservación de las condiciones de vida en el ambiente interno.
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Escribo porque me resulta un placer que no puedo traducir. No soy pretenciosa. Escribo para mí, para sentir mi alma hablando y cantando, a veces llorando...
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A veces tenía taquicardia: bacanal del corazón. Pero sólo eso, y le sucedía desde joven. En su primer beso, por ejemplo, el corazón se desgobernó. Y fue una cosa buena, en el límite con lo malo.
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Cansa el primitivismo de la televisión.
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El encanto de las rosas es que siendo tan hermosas no conocen que lo son
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El encanto de las cosas es que siendo tan hermosas no conocen que lo son.
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En la ópera, siempre hay mucho cantar.
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En primer lugar, señoras y señores, deben olvidar que son cantantes.
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Solo un gran soldado amó esa idea la unidad latinoamericana, solo él, habría sido digno de realizarla, y, ese grande hombre, es hoy un muerto: Eloy Alfaro... Sólo él tenía entre sus manos, el fragmento de la espada rota de Bolívar.