La ciudad de Nueva York es un gran monumento al poder del dinero y la codicia... Una carrera en pos de la renta.
Frases célebres sobre: car. [Página 161]
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Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
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Aquel que tiene imaginación, pero carece de conocimientos, tiene alas, pero no tiene pies.
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Yo llamo imaginación a la facultad de volver sensible todo lo que es intelectual; de hacer corpóreo lo que es espíritu; en una palabra, de sacar a la luz lo que en sí mismo es invisible, sin desnaturalizarlo.
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Es más difícil hacer durar la admiración que provocarla.
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Tampoco estamos dispuestos, como dice el proverbio, a elegir a nuestro propio carnicero. Estamos decididos a defender nuestras vidas con toda nuestras fuerzas, sin importarnos si el resto del mundo ve la necesidad de esta batalla o no. ¡La guerra total es
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Si el carácter es destino, los buenos son condenados.
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Nuestros padres juzgaban los libros a través de su gusto y de su razón. Nosotros los juzgamos a través de las emociones que nos causan. ¿Este libro puede perjudicar o puede servir? ¿Es apropiado para perfeccionar o para corromper el espíritu? ¿Hará el bie
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Hay versos que, por su carácter, parecen formar parte del reino mineral; son dúctiles y resplandecientes. Otros, pertenecen al reino vegetal; tienen savia. Los últimos, finalmente, pertenecen al reino animal; tienen vida. Los más bellos son los que tienen
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Al educar a un niño se debe pensar en su vejez.
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Hay que entrar en las ideas de los otros si se quiere sacar provecho de las conversaciones y de los libros.
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La vida consiste no en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene.
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Para educar a un niño por el camino correcto, transite usted por ese camino durante un rato.
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Sólo los pensamientos, tomados aisladamente, caracterizan a un escritor. Con razón los llamamos trazos, y los citamos; muestran la cabeza y el rostro, por así decirlo; el resto no muestra más que las manos. Hay fantasmas de autores y fantasmas de obras.
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No deseamos que los libros nos vuelvan mejores, sino más felices que aquellos que los hicieron; que tengan carne y sangre, ingenio y alma. Odiamos -o, cuando menos, ya no sabríamos admirar- los talentos puros.
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Lo que acarrea todos los males a nuestra literatura se halla en que nuestros sabios tienen poco ingenio y nuestros hombres de ingenio no son sabios.
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Los antiguos decían que un discurso adornado no tenía costumbres, es decir, que no expresaba el carácter y las inclinaciones de quien hablaba.
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Mucha grasa en el espíritu y mucha flaqueza en el estilo es el carácter de este siglo.
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Las leyes están al servicio de las personas para resolver los problemas, y no para complicar las cosas o crear problemas nuevos.
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No quiero sentarme en el banquillo a ver si suena la campana. Al Bernabéu o vas tú a hacerla sonar o es un campo muy difícil para sacar nada