Cuando un hombre se casa por segunda vez, es porque adoraba a su primera mujer.
Frases célebres sobre: cas. [Página 180]
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La realidad es que los éxitos se los llevan los fuertes y el fracaso los débiles, y eso es todo.
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Los hombres se casan porque están cansados, las mujeres por curiosidad: ambos sufren una decepción.
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La casualidad es siempre actual; ten siempre echado tu anzuelo. En el remanso donde menos los esperes estará tu pez.
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Es casta la que nadie requirió.
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Repútase casta a aquella a quien nadie requirió de amores
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La casualidad siempre es actual; ten echado tu anzuelo. En el remanso donde menos lo esperes, estará tu pez
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Soporta y persiste; el dolor presente ha de serte de provecho en mejor ocasión
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Se debería estar siempre enamorado. Por esta razón uno no deberá casarse nunca
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Las mujeres han sido siempre protestas pintorescas contra la simple existencia del sentido común.
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La civilización no es una cosa fácil de lograr. Sólo hay dos maneras de conseguirla, por la cultura o por la corrupción. La gente del campo no ha tenido ocasión de alcanzar ni una ni otra y por esto permanece estancada.
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Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos.
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Para el sabio, la tristeza y la alegría son semejantes, lo mismo que el bien y el mal; para el sabio, todo lo que tuvo principio debe tener también fin. Considera, por tanto, si hay razón para que te alegres con la ventura que llega, o te entristezcas con
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Cuando vaciles bajo el peso del dolor, y estén ya secas las fuentes de tu llanto, piensa en el césped que brilla tras la lluvia; cuando el resplandor del día te exaspere, y llegues a desear que una noche sin aurora se abata sobre el mundo, piensa en el de
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La verdad y el error, la certeza y la duda, no son sino palabras huecas como pompas de jabón.
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Mucho amor germina en la casualidad; tened siempre dispuesto el anzuelo, y en el sitio que menos lo esperáis encontraréis pesca.
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Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista constituye un amaneramiento imperdonable de estilo.
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Las flores de loto que crecían allí habían empezado a marchitarse; sus truculentas carcasas, atrapadas entre tallos alargados y vencidos, las estúpidas caras de la gente con una expresión de agotamiento total, todo brotaba al frescor de la tarde y me llev
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Con las ventanas de su mente abiertas de par en par, todo lo percibía con una enorme profundidad exceptuando la pantalla del televisor que tenía delante y, como esos viajeros que al regresar después de un largo viaje encuentran sus casas, sus cosas y sus
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Fuera lucía ese cielo resplandeciente tan característico de Estambul en los días de primavera. En las calles el calor hacía sudar a los estambulíes, que aún no se habían librado de los hábitos del invierno, pero en el interior de las casas, en las tiendas