Mares, alas, intensas luces libres, sonarán en mi alma cuando vibres, ciega de amor, tañida entre mis brazos.
Frases célebres sobre: ces. [Página 338]
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Ni una palabra brotará de mis labios que no sea verdad. Ni una sílaba que no sea necesaria.
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Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre aquel que amó, vivió, murió por dentro y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió y rompió todos sus versos.
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La desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.
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Descripción del hombre: dependencia, deseo de independencia, necesidad.
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Las madres de los soldados muertos son jueces de la guerra
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La guerra no excluye la paz. La guerra tiene sus momentos apacibles. Satisface todas las necesidades del hombre, comprendidas las pacíficas. Estamos organizados así, si no la guerra sería inviable
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Lo que se necesita no es la voluntad de crecer, sino el deseo de averiguar, que es exactamente lo contrario
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Volvamos a esos días felices en los que había héroes.
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Temer al amor es temer a la vida,y quienes temen a la vida ya están muertos tres veces
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A los quince años se me ocurrió pensar que, si vivía hasta los setenta, hasta entonces solo había soportado una catorceava parte de mi vida, y los largos años de aburrimiento que aún tenía por delante me parecieron casi insoportables
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Los hombres son tan necesariamente locos que sería estar loco, con otro género de locura, no estar loco.
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Los hombres sienten desprecio por la religión y temor porque sea cierta. Para remediar esto, es necesario empezar por demostrar que la religión no es contraria a la razón; después, que es venerable y digna de respeto; a continuación, hacerla amable e indu
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Es curioso que muchas veces amar a otro es amar ciertas cualidades que pueden perderse. Nunca se ama la persona; se aman las cualidades.
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Nos consolamos con pequeñeces porque son menudencias las que nos aflijen
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Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
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Las cuerdas que amarran el respeto de unos por otros son, en general, cuerdas de necesidad.
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No vivimos nunca sino que esperamos a vivir; y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.
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Nos consolamos con pequeñeces porque son menudencias las que nos afligen.
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Aristóteles manifestaba que las mujeres tenían menos dientes que los hombres; aunque se casó dos veces, nunca se le ocurrió comprobar esta afirmación examinando la dentadura de sus esposas.