Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido... Y se quedarán los pájaros cantando.
Frases célebres sobre: cielo. [Página 18]
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Jesús, el dulce, viene... Celeste primavera que la nieve, al pasar, blanda, deshace, y deja atrás eterna calma... ¡Señor del cielo, nace esta vez en mi alma!
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Todos aquí para mirar arder y consumirse ese fuego. ¿Fuego sólo? ¿No es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?
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No temas, no temas, y mira, mira hasta las islas... ¿Viste alguna vez la melodía de los brillos? ¿La viste ondular, todavía de gasa, desde tus pies al cielo, sobre el río?
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El mundo está lleno de tontos y de astutos. Los astutos son los que trabajan y sufren para ganarse el cielo; los tontos son los que viven su vida sin pensar en la eternidad
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Salvando tu alma, serás feliz para siempre; pero, si la pierdes, lo pierdes todo: alma, cuerpo, cielo, Dios, que es tu supremo fin... y esto, por toda la eternidad
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La luna olvidada espera en la ventana del cielo abierta a la tarde.
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Y el corazón a cada latido amanece una esperanza nueva que tiene algo del cielo.
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Yendo hacia Kioto cubrían medio cielo nubes de nieve.
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No busques fuera de ti, el cielo está adentro.
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Es el crepúsculo, cayendo sobre mi casa el fuego del cielo.
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El cielo claro, y la tierra esponjosa: primera arada.
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El día de año nuevo el principio de la armonía del cielo y la tierra.
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Cada año nuevo cielo y tierra en armonía el primer día.
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Mi mayor placer es el disfrute de un cielo sereno en medio de estos bosques verdes: me encantan todos los cambios de la Naturaleza, la lluvia, tormenta, y las hermosas nubes del cielo.
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¡Cuántas variaciones! ¡Cuántas cosas! Me parece que el cielo sólo me ha dado un corazón sensible para ponerlo a prueba en los más rudos combates...
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... un infierno habitado por los de nuestra misma especie, a pesar de todas las torturas, es mucho más deseable que un cielo ocupado por las criaturas monótonas a quienes se nos presenta como modelo de virtud.
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¡Santo cielo! Si los hombres supieran al entrar en la vida las penas que les esperan y si de ellos dependiese volver a la nada, no habría uno sólo que quisiera emprender esta carrera.
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Los mortales habitan en la medida en que reciben el cielo como cielo; en la medida en que dejan al sol y a la luna seguir su viaje, a las estrellas su ruta, a las estaciones del año su bendición y su injuria; en la medida en que no convierten la noche en
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Si el cielo me cierra el corazón de mi padre, paga con creces mis escasos méritos con el amor de mi madre.