Ser ignorante de los hombres célebres de antaño es como continuar en la niñez después que hemos crecido.
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Las mujeres, cuando aman, ponen en el amor algo divino. Tal amor es como el sol, que anima a la naturaleza.
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Es bello obtener la realeza como premio a la justicia; pero es más bello aún preferir la justicia a la realeza
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Un jefe debe tener los ojos tan puros como las manos
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Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer.
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La amistad es animal de compañía, no de rebaño.
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El trabajo moderado fortifica el espíritu; y lo debilita cuando es excesivo: así como el agua moderada nutre las plantas y demasiada las ahoga.
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La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga jamás la avaricia.
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Los estados son como los hombres, pues son seres humanos los que los forman.
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El que aprende y aprende y no practica lo que aprende, es como el que ara y ara y nunca siembra.
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Como cada uno es, tal es su vida.
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La medicina puede ser considerada como el conocimiento de las preferencias y los deseos del cuerpo y la manera de satisfacerlos o no.
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Hay poetas que al alabar la virtud la representan, sin embargo, como difícil y trabajosa y muy inferior al vicio en cuanto al deleite que éste proporciona
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Así como los ojos están formados para la astronomía, los oídos lo están para percibir los movimientos de la armonía.
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A vosotros políticos os hemos formado en interés del Estado tanto como en el propio vuestro, para que seáis en nuestra República nuestros jefes y vuestros reyes.
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Y resulta evidente que ningún arte ni gobierno dispone lo provechoso para sí mismo, sino que, como veníamos diciendo, lo dispone y ordena para el gobernado, mirando al bien de éste, que es el más débil, no al del más fuerte.
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Es necesario diferenciar las cosas: lo que siempre existe sin haber nacido, y lo que siempre está comenzando sin jamás llegar a ser.
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Y con respecto a las multitudes, ¿no consiste la templanza principalmente en obedecer a los que mandan y mandar ellos, en cambio, en sus apetitos de comida, bebida y placeres amorosos?
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Y los fundadores no tienen obligación de componer fábulas, sino únicamente de conocer las líneas generales que deben seguir en sus mitos los poetas con el fin de no permitir que se salgan nunca de ellas.
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¿Podrá, pues, haber un mejor testimonio de la mala y viciosa educación de una ciudad que el hecho de que no ya la gente baja y artesana, sino incluso quienes se precian de haberse educado como personas libres, necesiten de hábiles médicos y jueces?