El amor no se prueba ni se mide. Es como Gabriela. Existe, eso sí -dijo Juan Fulgencio-. El hecho de que no se comprenda ni se explique una cosa no acaba con ella. No sé nada de las estrellas, pero las veo en el cielo; son la belleza de la noche.
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El que no sabe por qué camino llegará al mar, debe buscar el río por compañero.
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La miseria ama la compañía
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La alegría compartida es como una doble alegría.
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Es tontería decir a los ministros del culto que no se mezclen en las cosas de este mundo, porque su ministerio comprende cuanto es el hombre.
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La forma en que fluye el dinero en nuestras vidas refleja de forma precisa la forma como fluyen los pensamientos en la mente; de modo que si quiere cambiar su saldo bancario, cambie de forma de pensar. Esta es una noción básica en la conciencia de prosper
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Compartir es establecer un puente mediante la sintonía y el respeto. Dirigir es cambiar su propia conducta para que la otra persona le siga; el liderazgo no funcionará sin sintonía. No se puede guiar a alguien por un puente si antes no lo ha construido.
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En uno de los extremos del pueblo, de casas bajitas, un perro se quejaba del frío y de la soledad, y, levantando el hocico hacia su dios, le daba su elocuente opinión sobre el mundo tal como él lo veía.
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Un viaje es como el matrimonio. Uno se equivoca si piensa que tiene todo controlado.
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Los viejos y los cometas han sido venerados por las mismas razones: por su larga barba y por la pretensión de procedir los acontecimientos.
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El esquema estoico de colmar nuestras necesidades rebajando nuestros deseos es como cortarnos los pies cuando queremos zapatos.
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La vida es una tragedia a la que asistimos como espectadores un rato, y luego desempeñamos nuestro papel en ella.
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Un hombre no debe nunca avergonzarse por reconocer que se equivocó, lo cual es como decir que hoy es más sabio que lo que fue ayer
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La libertad de conciencia se entiende hoy día, no sólo como la libertad de creer lo que uno quiera, sino también de poder propagar esa creencia.
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Tenemos bastante religión como para odiarnos, pero no suficiente como para amarnos.
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Es imposible que una cosa tan natural, tan necesaria y tan universal como la muerte pueda haber sido destinada a la humanidad, por la providencia, como un mal.
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Fue un hombre valiente el primero en comerse una ostra.
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Casarse de nuevo no es ningún insulto a la honra del difunto; cualquier mujer puede reverenciar la memoria del marido muerto y al mismo tiempo ser feliz en compañía de un segundo esposo.
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La tomaba como a un juguete; un juguete o un cerrado capullo de rosa que él hacía abrirse en cada noche de placer. Doña Flor iba perdiendo la timidez, entregándose a esa fiesta lasciva con creciente violencia, transformándose en amante impulsiva y audaz.
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Malvina odiaba aquella tierra, la ciudad llena de murmuraciones, de los dimos y diretes. Odiaba aquella vida y contra ella pensaba luchar. Comenzó a leer, encaminada por Juan Fulgencio, que le recomendaba libros. Descubrió otro mundo más allá de Ilhéus, d