La disciplina es el mejor amigo del hombre, porque ella le lleva a realizar los anhelos más profundos de su corazón.
Frases célebres sobre: corazón. [Página 89]
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Voy a hablarte sobre el corazón: en él están el alma, la pasión y la alegría. En él está la belleza de la cancioncita que arrulla al hombre... Y su melodía es siempre una mujer.
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Si tu signo es jugar, juégalo todo: tu camisa, tu patio, tu salud; si tú debes jugar de cualquier modo juega bien, con virtud. Pero, ay amor, ay amor, no te juegues el corazón
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Besé sus ojos, sus labios, mi boca bajó a lo largo de su pecho y rozó el ombligo infantil, el bello animal, el sexo, donde su corazón latía a golpecitos; su olor, su calor me emborrachaban y sentí que mi vida me abandonaba, mi vieja vida con sus preocupac
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Prefiero una fea verdad que una linda mentira. Si alguien me está diciendo la verdad, allí es cuando doy mi corazón.
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Llega con la vejez un momento en el que el corazón ya no es maleable, y sólo conserva la forma en que se enfrió.
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Nunca pensé que doliera el amor así, cuando se entierra en medio de un no y un sí, es un día ella y otro día yo, me estas dejando sin corazón y cero de razón.
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Gabriel García Márquez nunca morirá, al menos no en mi corazón
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La lealtad constituye el más sagrado bien del corazón humano
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La rareza del artículo se mide por el deseo del corazón que lo busca.
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Yo sabía algo de esa clase de amor. Sabía lo que era desnudar tu corazón palpitante y temer, cuando lo hacías, que los latidos se oyeran demasiado y te delatasen.
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Cuando fui a los lavabos había un corazón con una flecha y palabras de amor. Deja que duerma recostado en tu pecho, camino al aeropuerto.
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¿Y qué es la rutina sino esa opacidad del corazón que aniquila toda relevancia?
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Quien no ha recibido un mordisco en el corazón no sabe lo que es la vida
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En ocasiones sueño que vuelvo a ser un niño, y un helado escalofrío me recorre la espalda, se me acelera el corazón, grito en medio del sueño, me despierto bañado por un sudor angustioso.
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He amado Kaschau y los poemas, las mujeres, el vino y el honor, también la razón, cuando habla al corazón... No amo, por lo demás, ninguna otra cosa. Nadie conoce el resto. Ni ruegos ni súplicas, no os compadezcáis de mí.
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Es así: mi corazón súbitamente se alza, acoge, abraza y luego cede y pierde, como se pierden, en el lecho muerto de un río, las piedras secas, las hojas olvidadas.
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No basta examinar; hay que contemplar: impregnemos de emoción y simpatía las cosas observadas; hagámoslas nuestras, tanto por el corazón como por la inteligencia.
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¡El pensamiento! Lo único que peca y lo único que nos salva si anida en el corazón.
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Con su casa y su corazón abiertos para mí.