No estoy aquí para que me quieran y me admiren, sino para obrar yo y querer yo. No es obligación de la sociedad ayudarme a mí, soy yo el que tengo la obligación de cuidar al mundo, al ser humano.
Frases célebres sobre: dad. [Página 176]
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No importa tanto que uno sepa mucho, sino que sepa algo bien; no que sepa algo de memoria, sino que lo entienda; no que le importe todo un poco, sino que le preocupe algo de verdad.
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Vivimos de forma rápida, descuidada, superficial y chapucera.
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La ciudad lo encierra jaula de metal, el niño envejece sin saber jugar. Cuántos como tu vagarán, el dinero es todo para amar, amargos los días, si no hay.
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Cuidado con la CIA que vienen los gusanos no maten a Régis y vámonos hermano.
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Cuando mejor se finge es cuando lo que se finge se finge de verdad.
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Este aforismo deslumbrador que yo lancé hace bastantes años a la circulación ha tenido tanto éxito que yo mismo me he visto obligado a elogiarlo varias veces: todas las que lo he visto publicado con la firma de otro escritor cuidadosamente puesta debajo.
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Hay dos sistemas de lograr la felicidad: uno, hacerse el idiota; otro, serlo.
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Hay una moralidad sexual y otra económica; la primera se derrumba ante la segunda, y la segunda se derrumba ante la primera.
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La enfermedad que obliga a pasar más horas en la cama es una amante bonita.
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La experiencia es una enfermedad que no se contagia.
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La sinceridad es el pasaporte de la mala educación.
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La sinceridad la inventó uno que quería amargarle la vida al prójimo.
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La sociedad es un organismo podrido que se conserva bajo el hielo de la hipocresía.
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Las casas de los dentistas y los teatros de variedades se parecen en que las estrellas se ven al final.
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Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista.
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Si el hombre supiera divertirse no sentiría la necesidad de trabajar.
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Todo hombre de ingenio tiene en su haber las ingeniosidades que él inventa, más las ajenas que se le atribuyen.
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Un buen amigo os dirá siempre la verdad: salvo en el caso de que la verdad sea agradable.
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Sin religión, es decir sin cimientos, sin ataduras a una verdad trascendental, el hombre se viene abajo, girará a todos los vientos.