Calidad como cualidad.
Frases célebres sobre: dad. [Página 209]
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Si la felicidad se comprara, entonces el dinero sería noble.
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Lo que es verdaderamente inmoral es haber desistido de uno mismo.
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La bondad era tibia y sin consistencia, olía a carne cruda guardada mucho tiempo.
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Pero es que basta con silenciar para vislumbrar, debajo de todas las realidades, la única irreductible, la de la existencia.
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La perfección de Dios se prueba más con la imposibilidad del milagro que con su posibilidad.
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Yo misma puedo morir de ser ante mí. La soledad está mezclada en mi esencia.
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Por la lentitud y el tamaño, era una cucaracha muy vieja. En mi arcaico horror por las cucarachas aprendí a adivinar, aún a la distancia, sus edades y peligros; incluso sin haber encarado nunca realmente a una cucaracha conocía sus procesos de existencia.
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Saudade es un poco como el hambre. Sólo ocurre cuando se come la presencia. Pero a veces la saudade es tan profunda que la presencia es poco: se quiere absorber a la otra persona toda. Estas ganas de uno ser el otro para una unificación completa es uno de
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La ley es sorda e inexorable, incapaz de ablandamiento ni de benignidad.
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La verdad puede eclipsarse pero no extinguirse.
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No des la felicidad de muchos años por el riesgo de una hora.
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Nuestro país es el mundo, nuestros compatriotas la humanidad. Amamos a la tierra de nuestro nacimiento, solo como amamos a otras tierras. Los intereses, derechos, y libertades de los ciudadanos americanos no son menos estimados por nosotros que aquellos q
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Una mujer desgastada por cincuenta años de desilusiones ya ni siquiera menstruando, ya ni siquiera mujer, que desistiera de defenderse de la edad con cremas y pintura.
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Dios ha creado al hombre como un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad.
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El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad, deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla.
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La esperanza de una felicidad eterna e incomprensible en otro mundo, es cosa que también lleva consigo el placer constante.
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La razón por la que los hombres entran en la sociedad es para preservar su propiedad.
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Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.
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Una señal inequívoca del amor a la verdad, es no mantener ninguna proposición con mayor seguridad de la que garantizan las pruebas en las que se basa.