La alegría es oración, la señal de nuestra generosidad, de nuestro desprendimiento y de nuestra unión interior con dios.
Frases célebres sobre: dad. [Página 973]
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Dondequiera que vayas, busca siempre la belleza y la inmensa bondad de Dios.
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No hay mayor pobreza que la soledad.
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Nosotros predicamos un Dios bueno, comprensivo, generoso y compasivo. Pero, ¿lo predicamos también a través de nuestras actitudes? Si queremos ser coherentes con lo que decimos, todos deben poder ver esa bondad, ese perdón y esa comprensión en nosotros.
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La amargura y el orgullo son hermanos gemelos;el mal humor y la irritabilidad son sus inseparables acompañantes.
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Para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler. Nos debe vaciar de nosotros mismos.
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El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad.
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¡Cuántas injusticias y maldades se cometen por mero hábito!
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La vida de un hombre es como un juego de dados; si no puedes hacerte con aquel que más te conviene, debes con astucia procurar sacar ventaja del que acaso te tocó
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En todos nuestros planes para el futuro, hemos vuelto a definir y hemos vuelto a afirmar nuestro socialismo en términos de la revolución científica. Pero esa revolución no puede convertirse en una realidad a menos que estemos dispuestos a hacer cambios de
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Los libros deberían conducir a una de estas metas: sabiduría, piedad, alegría o utilidad
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La función del arte en la sociedad es edificar, reconstruirnos cuando estamos en peligro de derrumbe
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No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre.
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Si estás en una situación dolorosa y tienes la certeza de haber llegado al límite de tus fuerzas y haber hecho ya todo lo que podías hacer, cree: has quedado libre y una prueba más se ha cumplido.
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Dos personas son un mundo y una persona es la mitad de sí mismo. Todas las matemáticas se estrellan contra esa realidad.
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Fui, en la infancia, terriblemente feliz ... Nunca me gustaron las muñecas. Para mis cumpleaños me hacía regalar arcos, flechas, hachas, rifles, cañones, soldados de plomo y esa magnífica carpa de indios que era mi gran orgullo.
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Cada vez me siento mejor en estas tierras y menos a gusto en el extranjero. Me duele demasiado que nos ignoren, que nos menosprecien, que nos juzguen, sin siquiera darnos la oportunidad de defendernos.
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Mi ciudad, sus casas, el cementerio de la Recoleta... Sobre todo esto está cimentada mi vida y mi obra. Por Buenos Aires y para Buenos Aires escribo mis memorias. Para toda la Argentina quizás...
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No sería quien soy sin haber visto tanto mundo. Llevo en mis retinas los sangrantes Cristos españoles, los Budas inmensos, las ciudades, los bosques y las aldeas, los mares semejantes que llevan a distintos nombres.
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Esto está cada vez peor, estamos al borde del caos, espero que alguien se atreva a decirlo... El caos, no hay otra palabra, yo por si acaso, se lo digo confidencialmente, he mandado a EEUU toda mi fortuna, lo poco que tengo, claro está... Por eso yo ni un