No hay baluarte del sano conservadurismo tan fuerte como la iglesia evangélica, y para hacer amigos que te ayuden a ganar en la sociedad el puesto que mereces, no hay sitio como tu propia iglesia.
Frases célebres sobre: dad. [Página 971]
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Mi sangre y mis orígenes son albaneses, pero soy de ciudadanía india. Soy monja católica. Por profesión, pertenezco al mundo entero. Por corazón, pertenezco por completo al Corazón de Jesús.
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La perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo.
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No contemples las faltas de los otros, sino sus virtudes, y piensa en tus propios defectos y debilidades.
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¡Oh Señor y verdadero Dios mío! Quien no os conoce, no os ama.
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Tener gran confianza... Quiere su Majestad y es amigo de ánimas animosas, como vayan con humildad y ninguna confianza e sí.
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No hay que menester alas para ir a buscar a Dios, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí
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La verdad padece, pero no perece.
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La primera necesidad es comunicarse
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Una sociedad bien hecha sería aquélla en la cual el Estado ejercería tan solo una acción negativa, del orden del timonel: una ligera presión del movimiento oportuno para compensar un comienzo de desequilibrio.
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Dado que el pensamiento colectivo no puede existir como tal pensamiento, pasa a las cosas signos, máquinas... . De ahí la paradoja: es la cosa la que piensa y el hombre quien queda reducido al estado de cosa.
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La verdad se produce al contacto de dos proposiciones, ninguna de las cuales es cierta; la relación entre ambas es cierta.
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El humanismo y lo que del mismo se desprende no es un regreso a la antigüedad, sino un desarrollo de venenos anteriores al cristianismo.
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Estrellas y árboles frutales en flor. La completa permanencia y la extrema fragilidad proporcionan por igual el sentimiento de la eternidad.
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El totalitarismo moderno es al totalitarismo católico del siglo XII lo que el espíritu laico y francmasón al humanismo del Renacimiento. Con cada vaivén, la humanidad se degrada.
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Entre las características del mundo moderno no hay que olvidar la imposibilidad de apreciar en concreto la relación entre el esfuerzo y el efecto del esfuerzo. Demasiados intermediarios.
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La obediencia a un hombre cuya autoridad no está alumbrada con legitimidad es una pesadilla.
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Al sucumbir bajo el peso de la cantidad, al espíritu no le queda otro criterio que el de la eficacia.
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Al igual que el poder, el dinero es puro medio. Tiene por único valor la posibilidad de procurarse cosas.
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Puesto que no se puede esperar de un hombre que no posee la gracia que sea justo, es preciso que la sociedad esté organizada de tal manera que las injusticias se vayan corrigiendo unas a otras en una perpetua oscilación.