Y yo que había jurado morir sin descendencia, como murió mi padre.
Frases célebres sobre: den. [Página 226]
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La bondad es la cadena de oro que enlaza a la sociedad.
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Tu tendencia constante es la de dar forma poética a la realidad; los otros pretenden dar realidad a lo que se supone poético, a lo imaginativo, y así no resulta más que materias inexpresivas.
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Sólo pueden ser dichosas las almas enamoradas.
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Todas las épocas decadentes son subjetivas y por contra todas las épocas de progreso son objetivas.
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Existen verdades que pueden matar a un pueblo.
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Nunca cruza por la mente de los necios la manera de como están encadenados el mérito y la fortuna; si ellos poseyeran la piedra filosofal no la tendrían los sabios.
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Estoy harta de todo ese sin sentido de que la belleza está en el interior. Eso es muy adentro. ¿Qué es lo que quieres, un páncreas adorable?
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La tempestad, sin embargo, amenazaba y estaba próxima a estallar. Una nimiedad la desencadenó.
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De una confidencia a una indiscreción no hay más distancia que la del odio a la boca.
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Conocer la realidad implica construir sistemas en continua transformación que se corresponden, más o menos, a la realidad
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Los países son como las estrellas: pueden resplandecer y brillar siglos enteros después de su extinción.
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Graves penalidades resisten los remedios que los gobiernos pueden aplicar
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Solamente la abundancia de dinero dentro de un Estado marca qué tan grande y poderoso es.
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Desprecio al mundo como hacen los que añaden algo a él; pero yo no le añado nada.
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Me encanta encontrar en un libro de notas la unidad de un espíritu y el desorden de un cerebro.
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Que su desnudez, que acompaña la desnudez de la palabra, y la dolorosa desnudez de nuestros muertos, nos ayuden a continuar alumbrando el camino que hace la paz, la justicia y la dignidad que los poderes del Estado y los señores de la muerte nos han arran
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La Providencia es el nombre cristiano de bautismo para el azar
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Intencionadamente o no, se confunden siempre los jueces con la justicia y los curas con Dios. Así se acostumbran los hombres a desconfiar de la justicia y de Dios
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El verdadero realismo consiste en revelar las cosas sorprendentes que se mantienen cubiertas por el hábito y nos impiden ver.