En la horca negra bailan, amable manco, bailan los paladines, los descarnados danzarines del diablo; danzan que danzan sin fin los esqueletos de Paladín.
Frases célebres sobre: des. [Página 486]
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La música sabia le hace falta a nuestro deseo.
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La muerte de Sócrates y la crucifixión de Cristo forman parte de los grandes rasgos de carácter de la humanidad.
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Con el amor, el individuo se hace esclavo de la naturaleza en un momento en el que sólo cree obedecer a sus propios deseos.
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Los pensamientos mas bellos, si no los escribimos, son irrecuperables, y de las amantes, si no las desposamos, procuramos huir alguna vez.
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Una vez satisfecha su pasión, todo amante experimenta una especie de desengaño, porque advierte que ha sido víctima de los engaños de la voluntad de la especie.
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Los republicanos desean que el Reich alemán tenga una sola testa coronada, igual que Nerón deseaba que la humanidad tuviese una sola cabeza: para poder decapitarla de un solo tajo.
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Todo lo que ocurre, desde lo más grande a lo más chico, ocurre necesariamente.
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Comúnmente sólo apreciamos el valor de una cosa después de haberla perdido
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La verdad no es una ramera que se arroje al cuello de quien no la desea; al contrario, es una beldad tan desdeñosa, que aunque le sacrifiquemos todo nunca podremos estar seguros de sus favores
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Quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo: tal significa la palabra desesperado.
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Por vida feliz hay que entender siempre menos desdichada; es decir, soportable. Y realmente, la vida no se nos ha dado para gozarla, sino para sufrirla, para pagarla.
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Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error.
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En personas de virtudes moderadas la modestia es simple honestidad, pero en los que poseen gran talento es hipocresía.
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La envidia es natural al hombre y sin embargo, es un vicio y una desgracia a la vez. Debemos considerarla como un enemigo de nuestra felicidad y procurar sofocarla como a un mal demonio.
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La ignorancia es desagradable cuando la acompañan las riquezas.
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El odio y el desprecio se excluyen mutuamente. En no pocos casos el odio a una persona tiene sus raíces únicamente en la estimación involuntaria de sus virtudes.
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Las facultades intelectuales resisten un esfuerzo mayor y más continuado durante la juventud y hasta los treinta y cinco años; pasado este periodo, su vigor empieza a declinar, aunque gradualmente.
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Todo hombre quiere llegar a viejo, es decir, a una época de la vida en que pueda lamentarse de las cosas que pasan y anunciar calamidades todavía mayores para el mañana.
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La misión del novelista no es relatar grandes acontecimientos, sino hacer interesantes los pequeños.