Desventurado aquel que se inquieta siempre por el porvenir
Frases célebres sobre: des. [Página 851]
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Las riquezas son verdaderas espinas; ellas punzan con mil penas al adquirirlas, con muchas inquietudes conservándolas, con muchos disgustos gastándolas y con mucho pesares perdiéndolas.
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Dios prefiere nuestra fidelidad en las cosas pequeñas que nos encomienda, mucho más que el ardor por las grandes que no dependen de nosotros
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Es una especie de obediencia muy agradable a los ojos de Dios no desear dispensas sin mucha necesidad.
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El infierno está lleno de buenas voluntades y deseos
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Las riquezas son verdaderas espinos; ellas punzan con mil espinos al adquirirlas, con muchas inquletudes conservándolas, con muchas disgustos gastándolas, y con muchas pesares perdiéndolas
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No te detengan los juicios humanos; descarga tu conciencia y no temas sino a Dios
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Hay que dejar que las espintas de las dificultades ciñan nuestra cabeza y que la lanzada de la contradicción traspase nuestro corazón. Beber la hiel y tragar el vinagre... puesto que Dios así lo quiere
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La ciencia que sirve para hacernos orgullosos y que degenera en pedantería no vale mas que para deshonrarnos.
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Nadie es desgraciado sino por su culpa.
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Cada uno es tan desgraciado como cree serlo.
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Es una práctica de la multitud ladrarle a los grandes hombres, como lo hacen los perros con los extraños.
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El estúpido es un necio que calla; y desde este punto de vista es más soportable que un necio que habla.
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No es pobre quien poco tiene sino desea más.
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La primera víctima de la destemplaza es la propia libertad.
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Morirás, es estúpido temer lo que no puedes evitar.
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¿Queréis que no os sea sensible la pérdida de las cosas del mundo? No deseéis con ansia lo que no tenéis, ni améis con exceso lo que poseéis
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Poned empeño en aprovechar las pequeñas ocasiones que Dios os va presentando, poned en ello vuestra virtud y no en desear grandes empresas; porque suele suceder que se deja uno vencer por un mosquito y está combatiendo contra monstruos imaginarios
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Un hombre acostumbrado a las adversidades no es fácilmente sorprendido.
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Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la preseverancia.