Feliz aquel que ni piensa en el suicidio ni desea la muerte. Feliz aquel en cuyo corazón anida la llama del entusiasmo. Y eterno sea quien trabaje o se prepare sinceramente para el trabajo.
Frases célebres sobre: desea. [Página 14]
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Los que deseamos acumular riqueza debemos recordar que los verdaderos líderes del mundo han sido siempre hombres que han sabido dominar, para su uso práctico, las fuerzas invisibles e intangibles de la oportunidad que está por surgir, y han convertido esa
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Para ser revolucionario hay que pensar que el cambio profundo en una sociedad no solo es urgente y necesario, sino absolutamente deseable.
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Bastante riqueza es no desear más.
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Mucho más se desea lo que se veda
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La felicidad es un estado de alegría sin contradicciones. Es posible sólo para el hombre racional, el hombre que sólo desea objetivos racionales, sólo persigue valores racionales y sólo encuentra su alegría en acciones racionales
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El dinero no comprará la felicidad a quien no sabe que desea.
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Todos desean saber, pero pocos pagar el trabajo que vale.
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Todo el mundo desea saber, pero pocos están dispuestos a pagar el precio.
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Desear la muerte es propio de cobardes
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El hombre es verdaderamente libre cuando no teme y no desea nada
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Desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere.
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No es un patriotismo deseable ir en contra del comportamiento civilizado.
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Hay quien, en ciertos momentos, desearía una conciencia inquieta para aburrirse menos.
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¿Por qué es tan difícil querer, siendo tan sumamente fácil desear? Porque en el deseo habla la impotencia, y en el querer la fuerza
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Es más fácil conseguir el resultado deseado en piezas cortas.
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No sientes esas náuseas de tedio que impulsan a desear la muerte. No llevas dentro del ti el aburrimiento de vivir, ¡palabra que habría que escribir como veinte H aspiradas para darle toda su intensidad!
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La faceta ridícula que veo en el amor siempre me impidió entregarme a él. He deseado, en ocasiones, seducir a una mujer, pero con sólo pensar en el aspecto extraño que en esos momentos debía de tener, me entraban ganas de reír. Tanto es así que mi volunta
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Te complaces en el sublime egoísmo de tu amor, con la hipótesis de que pudiera nacernos un hijo. Lo deseas, confiésalo; lo anhelas como un lazo más que nos uniría, como un contrato fatal que ataría nuestros dos destinos. ¡Oh, preciso es que seas querida y
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Si deseas saborear tu virtud, peca de vez en cuando.