No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida.
Frases célebres sobre: desped. [Página 3]
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Perdóname lector, amistoso lector que no me pueda despedir de ti, con un abrazo fiel: me despido de ti con una triste sonrisa forzada.
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Lo que más nos aproxima a una persona es esa despedida, cuando acabamos separándonos, porque el sentimiento y el juicio no quieren ya marchar juntos; y aporreamos con violencia el muro que la naturaleza ha alzado entre ella y nosotros
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El que apetezca la gloria debe despedirse a tiempo del honor y dominar el difícil arte de irse en el momento oportuno.
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El casting de Pasión de Gavilanes parece recién sacado de la despedida de soltero de Nacho Vidal.
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No me resigno a dar la despedida a tal altivo y firme sentimiento que tanto impulso y luz diera a mi vida
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¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes que no despedirán jamás la primavera!
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Pájaro tu pie, viento mi querer, yo te puedo comprender, sin saber por qué no te podrás ir, yo te quiero despedir.
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Los españoles no sabemos despedirnos porque para nosotros el tiempo es elástico y gratuito
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Estos labios que saben a despedida, a vinagre en las heridas, a pañuelo de estación
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Se cayeron mis alas y yo no me rendí, así que ven aquí, brindemos que hoy es siempre todavía, que nunca me gustaron las despedidas
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Te vas a la ciudad definitiva, sin mí; perdonarás que no te vaya a despedir, la noche corta como un cristal roto y tu estarás tan triste como hermosa
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Hace tiempo que nos despedimos de las consignas nebulosas de la autodeterminación y no hay necesidad de restablecerlas
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Sólo en la agonía de despedirnos somos capaces de comprender la profundidad de nuestro amor
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No hay beso que no sea principio de despedida; incluso el de llegada.
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El momento de vuestra libertad ha llegado. La intrépida vanguardia de un numeroso ejercito marcha bajo mis órdenes a despedazar vuestras cadenas, y a vengar los ultrajes recibidos del bárbaro español
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Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan. Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porqu
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Salí a la plaza. Podrían decir que nacía por segunda vez. La más pequeña bagatela vivía, y sin prestarme ninguna atención crecía en su importancia de despedida.
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La casa estaba vacía en la hora de la despedida, y sin embargo quedaban las cosas de nuestra vida
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Con los ojos de la despedida, la vida parecía una cosa perdida