Julio. ¿Quién sino la fuente de todas las leyes, el romano pontífice? A él corresponde, ciertamente, abolir la ley, interpretarla, ampliarla, restringirla, en la medida en que le parezca conveniente a sus intereses.
Frases célebres sobre: did. [Página 76]
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He aprendido siempre mucho más de los pintores que de los músicos.
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Los recuerdos que no pudimos tener. No hay nada más difícil de olvidar. Las intenciones que no llegaron al acto, los actos suspendidos en la sorpresa y la violencia.
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La felicidad consiste en una mezcla de alegría y tristeza, de luces y sombras, todo, presidido por el amor.
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El hombre que cortésmente indica el camino al que se ha perdido, hace como si encendiera la lámpara de aquél con su propia lámpara; y aquélla brilla para él no menos que para aquél.
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Rara... como encendida te hallé bebiendo linda y fatal... Bebías y en el fragor del champán, loca, reías por no llorar...
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Y si miro hacia la sombra donde la luz se deshace, temo también deshacerme y entre la sombra quedarme confundida para siempre.
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Con la edad tenemos perdidas de orina pero a mi jamás se me nota
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Ninguna tentación puede ser medida jamás por el valor de su objeto.
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¡No hagáis como esos exploradores sin pudor, espléndidos de melancolía a sus ojos, que encuentran cosas desconocidas en sus espíritus y en sus cuerpos!
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Vuestro espíritu es arrastrado continuamente fuera de sus casillas y, sorprendido en la trampa de las tinieblas, construido con arte grosero por el egoísmo y el amor propio.
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El hombre superior piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar piensa en la comodidad.
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Resulta totalmente imposible gobernar un pueblo si éste ha perdido la confianza en sus gobernantes.
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La medida y el medio son la culminación de la naturaleza humana. El estado en el cual aún no se manifiesta la esperanza, ni la ira, ni la tristeza, ni la alegría, se llama el medio. El estado en el cual ellas se manifiestan pero aciertan el ritmo justo se
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Debes tener siempre fría la cabeza, caliente el corazón y tendida la mano.
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Cuando las familias individuales han aprendido la bondad, entonces la nación entera ha aprendido la cortesía.
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Tan malo es pasar de la medida como no alcanzarla.
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Si te vuelves negligente estás perdido.
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Aprender sin pensar es tiempo perdido; pensar sin aprender es peligroso.
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Existe, de hecho, jueces, una ley no escrita, sino innata, la cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza la hemos tomado, exprimido, apurado, ley para la que no hemos sido educados, sino hechos; y en la que no hemos sido ins