La ley deben ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.
Frases célebres sobre: die. [Página 85]
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El progreso llega a aquellos que se adiestran ininterrumpidamente.
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Cuando la concentración impregna la mente y el cuerpo, el poder de la respiración se vuelve uno con el universo, extendiéndose suave y naturalmente hasta el límite absoluto, pero, a la vez, la persona se hace cada vez más autocontenida e independiente.
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...inundar el mercado vendiendo acciones por debajo de su cotización es algo más o menos tan moral como un asesinato, y muchas veces más brutal.
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La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.
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Por muchas razones no es bueno que la mujer estudie y sepa tanto.
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Ningún hombre es tan bueno, que, al ser expuesto a las acciones de la ley, no sería condenado a la horca por lo menos diez veces.
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El matrimonio es una cadena a la cual no se debe ligar a nadie violentamente
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Nadie es capaz de evitar el amor, y nadie es capaz de evitar que su amor se acabe.
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Mi madre me enseñó a amar a la gente y a tratarla de buena manera. Es una persona dulce y maravillosa a la que le gusta cocinar, hacer ropa y estar con la familia. No bebe, fuma ni molesta. Nadie ha sido mejor conmigo en mi vida entera.
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Para una mejor recaudación, uso esas lindas botitas blancas y esos pantalones blancos resplandecientes. A nadie le gusta ver sangre, entonces me aseguro de que no me peguen. Para no ensuciarme.
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El único camino que nos queda es el de acercarnos al conocimiento moderno con una actitud respetuosa e independiente y el de apreciar las enseñanzas del Islam en la luz de ese conocimiento, aun si llegamos a conclusiones diferentes de nuestros predecesore
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Nadie sabe qué decir en el vestuario perdedor
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Cuando tienes razón, nadie lo recuerda. Cuando estás equivocado, nadie lo olvida
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Nadie prueba la profundidad del río con ambos pies.
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A quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga.
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Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
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La lengua resiste porque es blanda; los dientes ceden porque son duros.
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Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.
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Ojo por ojo, diente por diente.