Quien mata a un hombre es un asesino. Quien mata a miles, un vencedor. Quien mata a todos, un dios.
Frases célebres sobre: dio. [Página 220]
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Dios no habría alcanzado nunca al gran público sin ayuda del diablo.
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Cada hombre piensa que Dios está de su lado.
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Dios está en todas partes... Y, a fin de cuentas, está siempre con los que tienen mucho dinero y multitud de armas
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Intencionadamente o no, se confunden siempre los jueces con la justicia y los curas con Dios. Así se acostumbran los hombres a desconfiar de la justicia y de Dios
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La amistad pura sabe de placeres que nunca podrán gozar las almas mediocres
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El sentimiento me dice que hay un Dios y no me dice que no existe. Con eso me basta.
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La imposibilidad en que me encuentro de probar que Dios no existe, me prueba su existencia.
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El arte se dirige a la mente, y no a los ojos. Siempre ha sido considerada de esta manera por pueblos primitivos, y ellos tienen razón. El arte es un idioma, el instrumento del conocimiento, el instrumento de la comunicación.
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La pintura es un idioma más rico que las palabras.
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Si no existieran las piernas de las mujeres no serían más que medios de locomoción.
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Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentiras a medias, de ningún modo es una media verdad.
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Existen dos medios de triunfar en el mundo: mediante la propia habilidad o aprovechando la necedad de los otros.
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La ausencia es un remedio contra el odio como una protección contra el amor.
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Hay ciertas cosas en las que la mediocridad es intolerable: la poesía, la música, la pintura, la elocuencia pública. ¿Qué tortura es escuchar un discurso frío se pomposamente declamado o de segunda categoría verso hablado con ampulosidad todo mal poeta Si
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La envidia y el odio van siempre unidos. Se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objeto.
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El egoísmo no es más que el medio de convertirlo todo en utilidad propia.
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Existe un placer en la amistad pura que no pueden alcanzar aquellos que han nacido mediocres
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El estadio de Zlin, situado en la zona industrial y feísimo, se halla enfrente de la central eléctrica: el viento barre el humo de las chimeneas, el hollín y el polvo, que caen en los ojos de los deportistas. Pese a tales inconvenientes, a Emil comienza a
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Me acosté, pero no pude dormir: dos pasiones, el amor y el odio, me mantenían despierto.