Dios perdona a quienes inventan lo que necesitan.
Frases célebres sobre: dios. [Página 125]
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Si Dios existe, le voy a pedir cuentas de lo absurdo de la vida, del dolor, de la muerte, de haber dado a unos la razón y a otros la estupidez... y de tantas otras cosas.
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Dios hizo los números enteros. Los demás son cosa del hombre.
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Si usted cree, como los griegos, que el hombre está a merced de los dioses, debe escribir tragedias. El fin es inevitable desde el principio. Pero si cree que el hombre puede resolver sus propios problemas y que no está a merced de nadie, entonces probabl
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La modernidad, tomada como un tiempo sin dioses, es el lugar perfecto para cosechar el resentimiento.
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Cuando investigo y descubro que la fuerza de los cielos y los planetas está dentro de nosotros mismos, entonces sinceramente siento estar viviendo entre los dioses.
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Cuando no hablamos de Dios o en el nombre de Dios, es porque el diablo nos habla y nos escucha en un silencio formidable.
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El orgullo es una pasión de los dioses; pero de los dioses falsos.
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La realidad baila sola en la mentira y en un bolsillo tiene amor y alegría un dios de fantasía la guerra y la poesía
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Todo está bien, ya soy un poco dios en esta soledad, con este orgullo que ha tendido a las horas una ballesta de palabra.
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Una revolución no es digna de llamarse tal si con todo el poder y todos los medios de que dispone no es capaz de ayudar a la mujer doble o triplemente esclavizada, como lo fue en el pasado a salir a flote y avanzar por el camino del progreso social e in
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Ya que Dios nos ha dado el papado, gocémoslo.
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Nadie fue ayer ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy.
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El arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres.
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El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios.
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Dios existe; pero no tiene ninguna prisa en hacerlo saber.
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Cuando pienso en todos los males que he visto y sufrido a causa de los odios nacionales, me digo que todo ello descansa sobre una odiosa mentira: el amor a la patria.
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Llevamos luz dentro de nosotros, en el cuerpo, en el corazón y en la mente. Sobre todo, la luz de la mente nos permite comprender los procesos de la naturaleza y penetrar en lo íntimo de las personas, hasta en el misterio luminoso de Dios.
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Es como para creer que al buen dios, que creó el mundo, no le gusta que los hombrecillos tengan por su parte aunque a su reducida escala una pasión parecida.
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Pero pude manejar piedras, ladrillos, y me interesé en los materiales, en su valor específico, en que construir es emplear materiales, respetar las leyes de la resistencia, inventar medios para vencer la resistencia. Y entonces me hice arquitecto, como se