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Frases célebres sobre: dis. [Página 90]
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La Economía es un disciplina narrativa y las explicaciones son fáciles de proporcionar a posteriori
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Los imperios están condenados a la dispersión, como las ortodoxias y las ideologías, a los cismas y a las escisiones
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Solo con la risa y la felicidad puedo convertirme en un verdadero éxito. Sólo con la risa y la felicidad puedo disfrutar de los frutos de mi trabajo. Si no fuera así, sería mejor que fracasara, porque la felicidad es el vino que afina el gusto de la comid
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Disfrute hoy la felicidad de hoy.
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Recordaré que una persona es tanto más pequeña cuanto más pequeñas son las cosas que la hacen disgustarse y andar triste.
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Las amaba sin piedad. Pues sabía ahora que la finitud, las particularidades mínimas, el torturado equilibrio entre la torpeza y la lucidez eran precisamente la virtud distintiva de estas criaturas, y que evitarles todo esto era aniquilarlas.
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Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
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Así como hay hombres cuya sola presencia resulta de una eficacia abortiva indiscutible, la mía provoca accidentes a cada paso, ayuda al azar y rompe el equilibrio inestable de que depende la existencia.
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Mi mejor arma se cargo con silencio, para disparar palabras que callaran a cada necio que quiso hacerme como él
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Una disculpa es sólo egoísmo del lado equivocado.
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Las ideas se discuten y se combaten, no se encarcelan.
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Creo en ti, porque dándome disgustos o queriéndome mucho siempre vuelvo a ti.
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La vida no pertenece al hombre. Le sobrepasa porque ha sido recibida de Dios. Es sagrada. Ningún hombre puede disponer de ella a su antojo.
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Los periodistas son quienes reparten cizaña en la vida moderna
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La vida fluye incesable y uniforme; duermo, trabajo, discurro por Madrid, hojeo al azar un libro nuevo, escribo bien o mal -seguramente mal- con fervor o con desmayo. De rato en rato me tumbo en un diván y contemplo el cielo, añil y ceniza. ¿Y por qué hab
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Tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tus propios pensamientos. Ni tu padre, ni tu madre, ni tu amigo más querido, te pueden ayudar tanto como tu propia mente disciplinada
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El hombre que produce mientras los demás disponen de su producto es un esclavo.
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¿Y es que saben muchos de los que atacan el motivo por el que atacan? Unas palabras cordiales, un simple apretón de manos, disiparían en el enfurruñado su encono.
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¿Por dónde ha entrado usted? Por la puerta. ¿Sabe usted que no se puede pasar? He pasado. ¿Quién es usted? Un periodista.