Es perdonar al vencido el triunfo de la victoria.
Frases célebres sobre: don. [Página 122]
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Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra a los hombres, Dios ha nacido en Belén en esta dichosa noche. Nació de una pura Virgen; buscadle, pues sabéis donde, que en sus brazos le hallaréis envuelto en mantillas pobres
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Con viento mi esperanza navegaba; perdonóla la mar, matóla el puerto.
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Quién lástima escucha, cerca está de perdonar.
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Donde hay amor no hay señor, que todo lo iguala el amor.
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¡Perdonarte cuando veo esos ojos y toco esas manos enflaquecidas! Bésame, pero no me mires. Sí; te perdono. ¡Amo a quien me mata! Pero ¿Cómo puedo perdonar a quien te mata a ti?
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Cuando se socava la mentira patriótica, se despejada el camino para la gran estructura donde todos estarán unidos como una hermandad universal, una sociedad verdaderamente libre.
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El mayor pecado imperdonable para la sociedad es la independencia de pensamiento.
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Ya te quieren. Sé simplemente la doncella que eres para mí y te querrán más.
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Perdone que la moleste. Una mujer con una cara como la de usted tiene necesariamente que ser buena.
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Dios es una desesperanza que empieza donde terminan las otras.
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A los últimos a quienes perdonamos su infidelidad es a aquellos a quienes hemos decepcionado.
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La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.
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La libertad comienza donde nace lo maravilloso.
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Para mí Dios está cerquísima, porque está donde tú quieras que esté. Si no lo sintiera así, le gritaría más fuerte.
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Sí, el futuro es de los grandes capitales y de los esfuerzos centralizados de las grandes masas. Toda la industria y todo el comercio, acabarán por no ser más que un inmenso bazar único, donde la gente podrá proveerse de todo.
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Dispuestos a no abandonar ni un instante la obra grandiosa que hemos emprendido, llegaremos resueltos hasta el fin, aceptando ante la civilización y ante la historia, las responsabilidades de este acto de suprema reivindicación
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Era una espera sin esperanza, con la certeza de que la muerte no perdonaría.
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La iglesia se había convertido en una tumba donde cuarenta y siete cadáveres reducidos a piel y manchas llevaban cinco años tirados en el suelo de hormigón, aunque no en el mismo lugar donde los habían matado con Kalashnikovs o a machetazos.
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Entramos a una casa de portón grande, jardín descuidado y aromas diluidos del reciente verano. Había hojas en el suelo y un silencio solemne ... Una tristeza impresionante se extendía por toda la casa: se diría abandonada o habitada por personas sin esper