La sociedad perdona a veces al criminal, pero no perdona nunca al soñador.
Frases célebres sobre: don. [Página 94]
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Las mujeres aman a los hombres por sus defectos; si tienen bastantes, les perdonarán cualquier cosa, hasta una inteligencia gigantesca.
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Después de una buena cena se puede perdonar a cualquiera, incluso a los parientes.
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Los niños empiezan amando a sus padres; después les juzgan; rara vez les perdonan.
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El público es maravillosamente tolerante. Todo lo perdona menos el genio.
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Donde hay sufrimiento, hay suelo sagrado.
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Otro factor que se debe considerar es que nosotros, como observadores del frente, pocas veces vimos los efectos directos de nuestras armas. En general, todo lo que sabíamos era que el enemigo había abandonado las posiciones que se habían bombardeado con g
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La vida me ha enseñado a perdonar mucho, pero nunca a esperar perdón
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Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que lo enfurezca más.
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La opinión pública sólo existe donde no hay ideas.
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¿Quieres amar? Recita las letanías del amor y las palabras crearán el deseo ardiente de donde se imagina el mundo que brotan.
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Entre la fe y la incredulidad, un soplo. Entre la certeza y la duda, un soplo. Alégrate en este soplo presente donde vives, pues la vida misma está en el soplo que pasa
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La casualidad es siempre actual; ten siempre echado tu anzuelo. En el remanso donde menos los esperes estará tu pez.
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Dondequiera que miro no veo otra cosa que reminiscencias de la muerte
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La casualidad siempre es actual; ten echado tu anzuelo. En el remanso donde menos lo esperes, estará tu pez
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Un jardín, una cimbreante doncella, un cántaro de vino, mi deseo y mi amargura: he aquí mi paraíso y mi infierno. Pero, ¿quién ha recorrido el cielo o el infierno?
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Hermano: no nos preocupemos por el mañana. Aprovechemos este soplo de vida. Mañana todos abandonaremos esta posada y nos pareceremos a los muertos de hace diecisiete mil años.
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Sólo alcancé la paz definitiva el día en que abandoné todo con desprecio y pude comprender, al fin, que no se puede afirmar ni negar nada.
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Todo es un tablero de ajedrez de noches y días, donde el destino, con hombres como piezas, juega: acá y acullá mueve, y da jaque y mata, y uno por uno, vuelve a ponerlos en la caja
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Ser adorado es una lata, las mujeres nos tratan exactamente como la humanidad trata a sus Dioses. Nos adoran y están siempre molestándonos con alguna petición.